Mayo de 1940 (En mai, fais ce qu’il te plaît,Christian Carion, Francia, 2015): Exiliados

Golem estrena en cines este viernes 6 de mayo, la cuarta película del director francés Christian Carion, nominada a los Premios César a la mejor banda sonora, de la mano del enorme Ennio Morricone (Cinema paradiso, Premio Óscar por Los odiosos Ocho).

El cine tiene esa habilidad indescriptible de poder reconstruir, por ejemplo cualquier tiempo pasado. Parece magia. Pero conlleva un riesgo mucho mayor. La manipulación audiovisual es mucho más poderosa y peligrosa y su objetividad mucho más difícil de lograr. En la era del digital en la que incluso podemos comprobar el estado de una ciudad como Aleppo unos minutos después de haber sido devastada y bombardeada, el pasado muchas veces sólo podemos reconstruirlo o recrearlo a través de la magia del cine o el teatro, o incluso la literatura.

Mayo de 1940 nos traslada a zonas rurales de Francia que fueron deshabitadas en un peregrinaje agotador y en ocasiones de trágico final tras la ocupación alemana de sus territorios.

Se estrena también en un mes de mayo. 66 años después. Mayo de 1940 tiene más de Feliz navidad (también de Carion) o de Los chicos del coro que de Adiós, muchachos de Louis Malle.

Más centrado en mostrar la devastación emocional que la crudeza de una guerra que arrasó con todo y que poco tuvo de poética. La cinta está bien interpretada y tiene un ritmo correcto, quizás le fallen los escenarios de cartón piedra, los decorados prefabricados y una cita ineludible con los programas de Telecinco y con los finales felices. Y, que quieren que les diga, yo en las guerras entiendo que no hay finales felices posibles, los hay menos malos y se pueden incluso disfrazar (La vida es bella, El laberinto del fauno), pero la realidad ante una guerra, sus consecuencias siempre serán cruentas. A veces, por mucho que se quiera ser fiel con la historia/ las historias se recurre a macguffins que suelen ser momentos emocionales sensiblones para que el espectador empatice más con los personajes inventados en lugar de con la propia historia reseñada.

Desde la alemania nazi, los primeros compases de esta historia nos llevan a conocer a un padre y a un hijo alemanes que huyen de la barbarie de su propio pueblo y se refugian en un pequeño pueblo francés lleno de buenas intenciones (demasiadas) sin desvelar su identidad. En mayo de 1940, millones de franceses emprendieron el camino a caballo o a pie por carreteras para huir de un feroz ejécito alemán que arrasaba con todo lo que se iba encontrando.

El conflicto de la película se produce cuando en esta huida, el padre sigue preso «aparentemente» detenido por el ejército francés pensando que era un espía alemán.

Lo que se nos cuenta es la huida de ese pueblo, de esos pueblos, en analogía clara y oportunista con los nuevos refugiados sirios; pero con la excusa de la búsqueda del padre, que lo hace mucho más enternecedor y sensiblón, cercano al cine de Spielberg.

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El largometraje de Carion posee como virtud la cualidad de ser capaz de deslumbrar a un amplio espectro del público, de bellas imágenes y con una potente secuencia de un bombardeo en medio del camino, que realmente hiela la sangre; con unas sutiles interpretaciones y una preciosista banda sonora del maestro Morricone, parece que todo está hecho. Sin embargo, fracasa en su presentación de los hechos de una manera excesivamente lírica, poética e incluso sentimental.

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