Seminci 2025 (II) : Cobos, Tsou, Stewart, Salinas y Sonzini y Saiz
Volvemos a la Sección Oficial de la Seminci con una nueva crónica en la que repasamos Golpes, La chica zurda, La cronología del agua, La noche está marchándose ya y Lionel, cinco películas que compiten este año por la Espiga de Oro y que ofrecen propuestas muy diferentes entre sí.
GOLPES (Rafael Cobos, España, Francia, 2025)
Golpes es una ópera prima muy interesante que recupera el cine quinqui desde una mirada contemporánea. Rafael Cobos se acerca a los años 80, pero lo hace desde 2025, sin limitarse a reproducir los códigos del género, y consigue que todo lo que cuenta tenga bastante sentido dentro de la historia. El guion funciona, la película mantiene un pulso narrativo potente y hay una buena mirada detrás de la cámara, de manera que todos sus elementos terminan cuajando. Jesús Carroza está estupendo, hasta el punto de que resulta difícil entender que no recibiera una nominación al Goya por este trabajo. Cobos se presenta así como un director al que habrá que seguir especialmente en el thriller y en el cine negro.
Rafael Cobos, hasta ahora conocido especialmente por su trabajo como guionista junto a Alberto Rodríguez, con quien escribió Grupo 7 y otras películas, debuta aquí en la dirección de largometraje. Golpes supone, por tanto, el paso detrás de la cámara de uno de los guionistas habituales del cine de Rodríguez y tuvo su estreno en la Seminci 2025, donde compite por la Espiga de Oro.
LA CHICA ZURDA (Shih-Ching Tsou, Taiwán, Francia, Reino Unido, 2025)
Shih-Ching Tsou consigue construir un drama familiar centrado en la maternidad y en las relaciones entre tres generaciones de mujeres, con un relato que tiene algunos de los mejores rasgos del cine independiente estadounidense. Hay una mirada femenina muy interesante y una especial atención a los recuerdos y a la intimidad de sus personajes. El problema es que, a medida que avanza, la película se acerca demasiado a la telenovela y ese giro termina restándole algo de fuerza a una historia que tenía elementos mucho más interesantes y sutiles.
La chica zurda fue reconocida como Mejor Película en el Festival de Roma y recibió también atención en Estados Unidos, donde apareció entre las películas destacadas por la National Board of Review y obtuvo nominaciones en los Critics’ Choice Awards. La película está protagonizada, entre otros, por Nina Ye.
LA CRONOLOGÍA DEL AGUA (Kristen Stewart, Estados Unidos, Francia, Letonia, 2025)
La cronología del agua supone el debut como directora de Kristen Stewart y es un drama biográfico marcado por los abusos sexuales, la natación y una mirada profundamente personal. Es precisamente esa personalidad la que acaba siendo también uno de los problemas de la película: Stewart apuesta tanto por la estética, por las imágenes y por una narración muy libre que lo que cuenta termina quedando en un segundo plano. El espectador acaba perdido en una especie de nébula en la que las formas se imponen al relato. Una película muy ambiciosa, pero también excesiva, en la que esa voluntad de construir algo tan personal termina lastrando la propia narración.
Kristen Stewart adapta en su debut como directora las memorias de la escritora estadounidense Lidia Yuknavitch. La cronología del agua fue seleccionada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes de 2025.
LA NOCHE ESTÁ MARCHÁNDOSE YA (Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, Argentina, 2025)
Lo lamento, pero no entré para nada en La noche está marchándose ya. Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini hablan del trabajo desde una propuesta en la que, al menos para mí, no conseguí entrar en ningún momento. Me resultó bastante soporífera y, aunque las críticas que ha recibido son muy buenas, lo cierto es que apenas me ha dejado recuerdo después de verla.
Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini son dos cineastas argentinos que abordan aquí el mundo del trabajo desde una propuesta que ha tenido una buena recepción crítica. La noche está marchándose ya tuvo su estreno nacional en la Seminci 2025.
LIONEL (Carlos Saiz, España, Francia, 2025)
Lionel aparece como un retrato generacional con mucha fuerza narrativa. En esta ópera prima, Carlos Saiz se mueve entre la ficción y la realidad y transita por ambos espacios de una manera muy humanista, consiguiendo que lo que vemos tenga una sensación de veracidad y, al mismo tiempo, de fuerza. Pero, sobre todo, consigue algo fundamental: que nos interesen sus personajes, que queramos saber qué les ocurre y qué será de ellos cuando la película termine.

