La virgen de agosto (Jonás Trueba, España, 2019)

Jonás Trueba realiza su película más adulta y vuelve a confiar en Itsaso Arana (del grupo de teatro La tristura y que también protagoniza La reconquista) para este canto de amor a Madrid y la juventud tardía y su búsqueda de la felicidad. 

Después de Todas las canciones hablan de mí, Los ilusos, Los exiliados románticos y La reconquista, el hijísimo de los Trueba regresa a la dirección cinematográfica. Lo hace acompañado por la que parece su musa, una estupenda Itsaso Arana a la que conocimos cuando era miembro de La Tristura y presentaba junto a los pequeños protagonistas de la obra con la que habían recorrido medio mundo, el documental sobre la creación de la misma: Los primeros días .

La cosecha de cine independiente español en el año 2019, está siendo bastante festivalera. Lo cierto es que en los últimos años tenemos una serie de creadores que hagan lo que hagan, se pasean por los distintos festivales internacionales para dar a conocer quizás el cine que mayores halagos críticos recibe internacionalmente, más allá de nuestras fronteras y lejos de sus resultados en taquilla: A Albert Serra, se le suma este año Olivier Laxe y Trueba, el Trueba que nos ocupa, Jonás. Lo cierto es que poco a poco, este cineasta de increible estirpe, se va haciendo un lugar entre los idolatrados circuitos de críticos embelesados por un cine al parecer diferente, fresco, nuevo, sensible y cómo no, independiente. Con Madrid siempre como un tercer personaje con desarrollo, entidad e importancia.

El cine de Jonás Trueba se acerca al de Ópera prima que realizó su padre, es un cine carente de estridencias, es la realidad a veces anodina, a veces cotidiana y rutinaria, pero siempre con pequeñas revoluciones que le dan sentido y que tienen casi siempre que ver con los sentimientos.

Hay una parte importante de la critica que venera las creaciones de este cineasta desde su Todas las canciones hablan de mí, y aunque comprobamos que va generando una mirada particular y mucho más completa, aunque los errores del pasado se van solucionando, puliendo, arreglando, lo cierto es que las historias de Jonás no llegan a atraparnos nunca. La reconquista fue sección oficial en San Sebastián, a mí me pareció una tontería pretenciosa y CURSI sobre las tribulaciones del primer amor, que en ocasiones hablaba de las emociones como si fuera Crepúsculo y que en otras se trasladaba a la nada, en un cine carente de ritmo, con muchos tiempos muertos y con una excesiva y a veces parece que impostada sensación de querer mostrar lo bonito que es Madrid y por qué debemos quererla.

La virgen de agosto es su película más asequible, quizás la de mejor acabado, con permiso de Los exiliados románticos y a ello contribuye una estupenda Itsaso Arana. La actriz y Madrid, porque la película que nos ocupa podría ser perfectamente el Paris, je t’aime de la capital española, en formato largometraje. El calor, la apatía, la soledad, la crisis existencial, en un verano en Madrid cuando se tienen 30 y…

Recuerda en ciertos momentos a lo conseguido por esa gran película gallega en la que debutó en el cine la propia Itsaso: Las altas presiones. Parece como si Jonás pusiera a su mujer preferida en su contexto preferido y la dejara fluir. Sin mayores pretensiones: Vivir, conocerse, conocer la ciudad, amar, follar, encontrar piso, enfadarte, enamorarte, tener crisis con amigos, vivir la ciudad, conocer sus calles, sus fiestas. Lo cierto es que si eres de Madrid es mucho más probable que disfrutes, que entiendas o que te empapes de las vivencias de su protagonista.

Lo mejor de la película es que te dejes llevar, que el cineasta y su protagonista lo consigan, que a pesar de ser una película en la que aparentemente no se cuenta nada o casi nada, te dejes llevar precisamente por la serenidad, por la calma, por ese calor asfisiante, por ese Madrid lleno de gente en las fiestas y por todo eso que pasar por dentro de la mente y el cuerpo del personaje de Itsaso.

Estamos ante una historia bien dirigida, bien interpretada y bien desarrollada. Todo tiene su lógica narrativa y sus tiempos y por tanto, todo funciona. Algo que no suele ocurrir en el cine de ninguno de los Trueba, porque en esta ocasión en este relato de la aparente nadería se sitúa la mayor veracidad que se haya podido atisbar en el último cine independiente español reciente, quizás desde Verano 1993. La película se convierte en una carta de amor a la ciudad de Madrid, a su patrimonio y en una carta de esperanza a esa generación de los 30. Todo pasa y será mejor, parece decir el cineasta. Y cada pequeña experiencia forjará tu ser. Sensible, humana, amena, la película funciona como una catarsis de emociones para nuestra propia intropección madrileña. Somos lo que queremos ser? Estamos con quién queremos? Estamos en el sitio en el que queremos vivir? La vida está llena de pequeñas decisiones.

Las estaciones como punto de partida suele ser una de las máximas del cineasta. Y el fiel reflejo de su Madrid querido es su huella fílmica, que eso permanecerá imborrable e imbatible. Sólo se ha alejado de Madrid en Los exiliados románticos y, por tratarse de una road movie atípica pero también ambientada en largos y secos veranos. En La virgen de agosto además se habla de cómo nos afecta el lugar donde nacimos, donde vivimos, donde nos gustaria vivir. El sentimiento de pertenencia a un lugar a pesar de haber vivido media vida en otro sitio, por ejemplo, y esto también lo hace con maestría.

Pero donde La virgen de agosto falla, como el resto de su cine es en el intento de trascendencia, en esa necesidad de realizar una obra de culta reivindicada por madrileños y treinteañeros como un producto que recordar, cuando simplemente es una buena película sobre las emociones y el desarrollo vital que experimenta una mujer en las fiestas de la Paloma de un caluroso verano madrileño. Lo demás, se les deja a ustedes…

Premios: Mención especial del Jurado y premio de la crítica del Festival Karlovy Vary.

Sinopsis: Eva (Itsaso Arana) es una chica de treinta y tres años que hace de su decisión de quedarse en agosto en Madrid un acto de fe. Necesita sentir las cosas de otra manera y piensa en el verano como un tiempo de oportunidades. En esos días de fiesta y verbenas se van sucediendo encuentros y azares, y Eva descubrirá que todavía tiene tiempo, que todavía puede darse una oportunidad.

Nota: 7

 

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