La luz de mi vida ( Casey Affleck, Estados Unidos, 2019)

Cassey Affleck cambia de género para estrenar su nueva película como director: La luz de mi vida, la pudimos ver en San Sebastián en la Sección Perlas. Nos trae un futuro postapocalíptico en una película manida y llena de situaciones que ya conocemos y mucho mejor contadas. 

Lo más inquietante y aplaudible que tiene este sopor de largometraje es esa escena larga escena definitoria inicial, en la que Cassey Affleck le cuenta a su hija un cuento desde la cama, casi a tiempo real, para ir conociendo sus filias y sus fobias, para ir adentrándote en esa relación tan especial entre dos seres, condenados a entenderse y a protegerse y en constante estado de espera y de urgencia.

Y por eso fracasa estrepitosamente la película, porque juega a ser otro relato más (el enésimo) de futuro postapocalíptico, de protección, de huida, pero como una pieza de cámara, como un estudio de relaciones, como un trabajo de desarrollo de personajes y sus distintas vertientes en una escuela de guión y mientras en lo primero suspende, en lo segundo se convierte en un ejemplo curioso de cómo estructurar y desarrollar bien unos personajes y que lo que les ocurra nos de exactamente igual, nos interesa la relación entre ambos, a dónde están dispuestos a llegar, por qué se quieren, por qué se necesitan, se idolatran y también por qué tienen esas rencillas.

Lo más destacable, aparte de ese estupendo estudio de personajes, es la interpretación de una pequeña que nos da esperanzas, es la verdadera luz de esta película: Anna Pniowsky.

Sinopsis: Un padre y su hija están atrapados en el bosque después de que una pandemia mortal alterara radicalmente el mundo.

Nota: 4.5

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