Instinto maternal (Olivier Masset-Depasse, Bélgica, 2018)

Instinto maternal, una película belga que estrena KarmaFilms en España, acudimos a verla sin conocer nada sobre ella y nos quedamos peor de lo que fuimos. 

Cuando te adentras en un nuevo preestreno con casi total desconocimiento de lo que vas a ver, te guías por un poster, por un título y también por lo que de ella se ha escrito hasta ahora. El título era y es horrible aunque el título original tiene un lacónico Duelos, el poster aunque en rojo lleva un juego de sombras ya tremendamente utilizado que no es capaz de aglutinar la esencia de la película y los comentarios eran tan favorables que ya de por sí daban miedo: Exuberante thriller psicológico que recuerda a Hitchcock, según Variety.

Así y todo entramos a ver la película y nos encontramos con un subproducto televisivo de los que Antena 3 exhibe los domingos por la tarde. Una suerte de manipulación emocional con ínfulas de suspense infundado entre una familia que pierde a un hijo y los vecinos que tienen otro de su misma edad. Todo tan previsible como poco exuberante. ¿Cuánto habrá cobrado Variety por esa crítica?

Cuando entras, como digo a una sala, sin conocer nada de una película pueden pasar la mayoría de veces solamente dos cosas: Una, la enorme indiferencia, decepción o intrascendencia; la segunda, la sorpresa mayúscula y el apunte en los libros de la memoria de ese nuevo autor al que seguir y con el que disfrutar. En esta ocasión nos encontramos ante el desasosiego de la indiferencia, la pobredumbre argumental, la previsibilidad y sobre todo, la técnica audiovisual impostada, mal copiada y ridícula de los realizadores televisivos. Quiere ser Hitchcock y Lynch y es más un telefilme emitido en Antena 3 de título escabroso como pudiera ser: La muerte de un hijo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es la tercera película del cineasta Olivier Masset-Depasse (responsable de Santuario en 2015). Está basado en la novela de Barbara Abel Derrière la haine, y se adentra en la historia de dos familias con hijos de la misma edad, amigas y vecinas puerta con puerta. Van a sufrir la mayor de las desgracias y desde ahí la amistad se tornará decepción, locura, mezquindad. La muerte de un hijo es aquí un inicio de un thriller que nunca llega a reconducirse, una autopista hacia el infierno de lo narrativo, que quiere ser un thriller de venganza, de suspense, un drama psicológico, quiere ser tantas cosas que al final no es ninguna de ellas. Intenta ser academicista, de corte clásico, pero ni eso le sale bien. 

¿Pero qué es lo más lamentable de este verdadero engendro? (me perdonen sus distribuidores, pero debieron tener las gafas empañadas o neblina en los ojos en su defecto). Lo peor de todo es saber que la crítica ha elogiado esta película y se han dicho de ella cosas como: «recuerda al mejor Hitchcock» por parte de Variety. O la propia Karma que dice que recuerda a Lynch. No sólo no evoca la maestría de ninguno de los dos genios, sino que su comparación se hace difícilmente digerible, me atrevo a afirmar incluso que por su propio director. Se tiene que estar retorciendo de gusto (pero también de vergüenza en su casa por semejantes halagos).

No es un drama psicológico, porque sólo es un drama; no es una peli de suspense, porque es más previsible que el título impuesto en españa. -El título original es Duelos que tiene mucha más lógica por lo que cuenta, pero ya sabemos que estamos en el país de la pandereta…- No es un thriller pprque al no haber suspense no hay tampoco tensión. No es una película vibrante porque no se consigue emoción por ninguna parte, ni siquiera en las escenas dolorosas del entierro del chiquillo.

Lo único reseñable de la cinta es la actuación de las dos madres. Una de ellas es Veerle Baetens a la que conocemos de Alabama Monroe; la otra es Anne Coesens (que junto a Masset-Depasse, el realizador, ya protagonizó Illegal en 2010).

La música es reiterativa y subrayada. de drama tremendista televisivo (un error bastante grande queriendo buscar el suspense) y está compuesta por Renaud Mayeur y Fréderic Vercheval, que pasan de emular a Bernard Herrmann a imitar a autores más actuales como Dario Marianelli o Nicholas Britell.  El resultado  es atonal en casi todos sus aspectos y genera un aire televisivo que concluye de una forma novelesca, sensiblona y estúpida.

Narrativamente estúpida, formalmente ridícula y reiterativa y personalmente olvidable.

Sinopsis: Alice y Céline son dos amigas que tienen una relación especial. Viven con sus familias en los suburbios bruselenses de los 60, en dos idénticas casas adosadas de clase media. Han transmitido su vínculo a sus hijos de ocho años, Théo y Maxime, que han crecido juntos y son como hermanos. Sus maridos también comparten una complicidad similar, y las dos familias prácticamente viven como si fueran una sola. Pero un día, llega la tragedia cuando Maxime muere en un accidente que Alice presencia pero no puede evitar. Céline acusa a Alice de no ser capaz de salvar a su hijo, y su actitud cambia por completo. Su relación, antes tan perfecta, comienza a desmoronarse, y Alice tiene miedo de que su amiga trate de vengarse.

Nota: 3.5

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