El sonido de la caída (Mascha Schilinski, Alemania, 2025)

El segundo largometraje de la directora alemana Mascha Schilinski, es la extraordinaria historia de memoria, recuerdos y fantasmas que albergan las paredes de una casa habitada por cuatro mujeres a lo largo de varias generaciones.

El sonido de la caída nos habla de la vida de mujeres que a lo largo de diferentes etapas sufren parecidos traumas, perdidas y desafíos; como si en las paredes de la casa en la Alemania rural, en que viven, se hubieran quedado impregnados los dolores sufridos por ellas, salvo en el último caso en que se rompe el vínculo familiar, las tres historias anteriores se van trenzando a lo largo de generaciones de la misma familia.
La culpa y la muerte, también el despertar sexual y la complicidad entre ellas, se refleja a lo largo de diferentes momentos históricos (antes de la Primera Guerra Mundial, la Alemania dividida de posguerra y la Alemania actual). Distintos escenarios, pero parecidos sentimientos.
La capacidad envolvente de la propuesta se ve reforzada por la inquietante música de Michael Fiedler y  Eike Hosenfeld que junto a la estupenda fotografía de Fabian Gamper, nos muestra la casa colonizada por una luz espectral, un claroscuro pictórico, lleno de secretos que en ocasiones aprisiona a sus habitantes, sobre todo a las mujeres que la habitan.
Todas las protagonistas interpretan con solvencia sus papeles, pero la primera niña Alma (Hanna Heckt) mira a cámara de una manera muy especial, interrogando al espectador, mientras participa en el ritual de difuntos.

Premios
2025: Festival de Cannes: Premio del Jurado. 2 nominaciones
2025: Premios del Cine Europeo (EFA): Mejor diseño de vestuario. 8 nominaciones
2025: Festival de Valladolid – Seminci: Nominada a Mejor Película – Espiga de Oro.
2025: Premios Gotham: 2 nominaciones
2025: Festival de Chicago: 2 premios:
Mejor dirección – Hugo de Plata (Mascha Schilinski)
Mejor sonido – Hugo de plata
2025: 28º British Independent Film Awards. 1 nominación

Sinopsis:
Cuatro niñas, Alma, Erika, Angelika y Lenka, pasan su juventud en la misma granja del norte de Alemania. A medida que la casa evoluciona a lo largo de un siglo, los ecos del pasado perduran en sus paredes. Aunque separadas por el tiempo, sus vidas empiezan a reflejarse.

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