Documenta Madrid 2016 Vol 1: Qué vemos ahora

Inaugurar con Michael Moore y cerrar con Werner Herzog. Esos son algunos de los propósitos

de Documenta Madrid en su XIII edición. Por el camino una sección oficial de largometrajes con

premios en los mejores festivales internacionales de cine del mundo; una retrospectiva de los

documentales musicales del gran Carlos Saura; una perspectiva de lo mejor del cine

documental español actual y una selección de cortometrajes patrios e internacionales entre lo

más granado del cine de lo real. Nos esperan diez días de buen cine en los que vamos a intentar decidir, no sin afrentas, qué veremos cada día.

 

Qué invadimos ahora? Lo nuevo de Michael Moore ha inaugurado el festival Documenta este

año de manos de Avalon y se estrenará comercialmente en salas el 27 de mayo. Su fama

internacional le llegó al conseguir el Oscar al mejor documental por Bowling for Columbine y,

todo, la Palma de oro en Cannes por Fahrenheit 9/11. Su militancia de izquierdas y sus

adoctrinamientos político eran su seña de identidad. Si bien en Qué invadimos ahora esas señas

se encuentran más difuminadas.

Quizás lo que Moore critique no quede del todo clarificado si entendemos que la analogía con

las invasiones estadounidenses no lleva a una carcajada sino a una simple sonrisa. Y la pregunta

que le haríamos a Moore es por qué si lo que se critica es la política expansiva e invasora de

EE.UU. el final de la película nos lleva a plantearnos que todo lo que tienen de bueno otros

países viene en realidad de América. Lo peor es que ya existe Salvados y que tiene muchísima

más credibilidad.

Socotra. Un acabado preciosista y una fotografía realmente bella en blanco y negro, en realidad no dan para nada más que eso, un predominio de la forma, cuando el fondo es interesante pero también soporífero. Es triste, pero algunos de nosotros hablamos de que esta película documental podría llamarse también Dormidina. Cuenta la vida en la remota isla de Socotra, en el océano Índico, situada entre el Cuerno de África y la península de Arabia. La cinta dura sólo 79 minutos pero, sin lugar a dudas, se hace eterna.

The land of the Enlightened. A priori un documental sobre niños en un entorno lleno de guerra, de violencia, de destrucción, puede ser un gran punto de partida tanto para la ficción como para documental. Seres que no deberían encontrarse entre tanta destrucción pero cuando no se sabe cómo contar la historia al final se habla de todo y de nada. Por mucho que consiguiera el premio a la mejor fotografía de la sección de documental internacional del pasado Festival de Sundance; la película es caótica e irregular.

Entre las dos secciones principales, la oficial y la sección Panorama, de este Festival de cine de lo real, siempre hay confluencias, siempre hay películas que por temática, por forma de narrar o por lugares o retratos personales, parecen dialogar entre sí. Ese es el caso de la mejor película vista en sección oficial: Les sauteurs y la nueva película de los dos directores que el año pasado nos angustiaron y sorprendieron con Ciutat Morta: Tarajal. Desmontando la impunidad en la frontera sur. Esta última se presenta fuera de concurso en la Sección Panorama y ambas nos hablan de inmigración. Mientras Les sauteurs nos invita a conocer lo que sienten y por qué lo sienten de esa manera, los jóvenes inmigrantes que desde Marruecos se juegan la vida para cruzar la frontera en Melilla y Tarajal reconstruye «el asesinato» de 15 inmigrantes por parte de la Guardia Civil Española cuando estaban llegando a nado a la frontera melillense. Como los saltadores del primero, los muertos del Tarajal podrían ser los que no llegaron. Melilla es la puerta de Europa y, sin embargo, qué poca conciencia melillense tenemos, la verdad.

Les sauteurs se valida con los documentos visuales grabados por varios de los inmigrantes cuyo sueño consiste en llegar a la península ibérica. Saben que no será el paraíso y conocen la existencia de la crisis económica, pero cruzar, saltar, es al menos una esperanza, quizás la última que les queda.

Por su parte, Xavier Artigas, Xapo Ortega juegan al reportaje televisivo como ya hicieran con Ciutat Morta, sin un acabado tan perfecto como el anterior, pero loable y efectivo como documento denuncia, de la impunidad, de la pasividad de las instituciones y del secreto y el olvido ante unos hechos tan graves como los de unos asesinatos encubiertos por el propio estado, desde cualquiera de los poderes públicos.

 

 

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