71 Seminci de Valladolid: Sección oficial a concurso III: La Gradiva, Un Certain regard, Irán, Brizé y Notre Salut

Una de las cosas que más me interesan de los festivales es precisamente esa convivencia entre películas que te reconcilian con el cine y otras que te hacen preguntarte qué ha llevado a sus responsables a tomar determinadas decisiones narrativas. La Sección Oficial de esta edición ha ofrecido propuestas muy distintas, desde películas que consiguen emocionar por su sensibilidad hasta relatos que se quedan a medio camino, aunque partan de ideas que podrían haber dado mucho más de sí.

La Gradiva (Marine Atlan, Francia e Italia, 2026)

Sección Oficial. Ópera prima de la cineasta francesa Marine Atlan, presentada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, donde obtuvo el Gran Premio. La película acompaña a un grupo de estudiantes franceses de secundaria durante su viaje de fin de curso a Nápoles y Pompeya, una excursión artística en la que dos profesoras intentan transmitir su pasión por la cultura a unos adolescentes que empiezan a descubrirse a sí mismos y a encontrar su lugar en el mundo.

Si no es la película del año, poco le falta. La Gradiva es un tótem, una película espectacular, de esas que justifican que siga yendo a festivales de cine para encontrarme con obras capaces de emocionarme de esta manera. Es una película preciosa, fascinante, que atrapa desde el primer minuto y que consigue que sus 145 minutos pasen prácticamente sin que uno se dé cuenta. Marine Atlan consigue retratar a los adolescentes sin convertirlos en estereotipos y, al mismo tiempo, ofrece una reflexión extraordinaria sobre la enseñanza, la transmisión del conocimiento y las dificultades de quienes todavía creen en la capacidad transformadora de la educación.

A Bit of Light (Ali Asgari, Irán, 2026)

Sección Oficial. Ali Asgari representa este año la presencia del cine iraní en la competición de Seminci con una película que ya pasó por la Sección Oficial del Festival de Venecia. Su protagonista es Arash, un médico que, después de perder su licencia profesional y ver cómo clausuran su consulta, decide suicidarse. Antes de hacerlo, comienza a despedirse de sus seres queridos: visita a sus hermanos y busca el momento de comunicarle a su madre una decisión que ninguno de ellos quiere aceptar.

La premisa recuerda inevitablemente a El fuego fatuo, la extraordinaria película de Louis Malle, aunque aquí el recorrido del protagonista se queda bastante lejos de la profundidad y la complejidad de aquella. La película plantea una reflexión sobre la vida, la muerte y los vínculos familiares, pero creo que la historia no da para una hora y media de metraje. Todo acaba reduciéndose a la anécdota de un hombre que quiere despedirse de sus seres queridos mientras estos intentan encontrar razones para que cambie de opinión. La propuesta se agota demasiado pronto. Yo habría hecho un cortometraje con esta misma historia.

Everytime (Sandra Wollner, Austria y Alemania, 2026)

Sección Oficial. La nueva película de Sandra Wollner, directora de El inconveniente de haber nacido, llegó a la Seminci después de pasar por Un Certain Regard del Festival de Cannes, donde obtuvo el premio principal de la sección. Everytime propone una historia de duelo que resulta especialmente interesante por la manera en que está construida narrativamente. La película mezcla presente, pasado y futuro y juega constantemente con la percepción del espectador.

La muerte de una hija, tal y como está planteada dentro del relato, supone una ruptura narrativa muy importante. Es uno de esos giros que no esperas si llegas a la película sin conocer previamente su argumento, que es precisamente la manera en la que más me gusta acercarme al cine. Esa decisión provoca una auténtica conmoción en el espectador y, a partir de ese momento, la película se transforma en el relato del duelo al que tienen que enfrentarse todos los personajes. Es precisamente ese juego temporal y narrativo lo que convierte a Everytime en una película especialmente interesante. Creo que estamos ante un guion muy inteligente, que utiliza su estructura para provocar una respuesta emocional y no simplemente como un ejercicio formal. A mí me ha gustado mucho ese juego y, sobre todo, me ha conmovido.

Un bon petit soldat (Stéphane Brizé, Francia, 2026)

Sección Oficial. Stéphane Brizé vuelve a adentrarse en el mundo laboral para mostrar cómo funcionan las grandes empresas y cómo sus estructuras terminan imponiéndose sobre las personas que trabajan en ellas. A través de un montaje dinámico y muy activo, la película consigue exponer con claridad una realidad bastante reconocible: cuando los trabajadores intentan hacer bien su trabajo y actuar de acuerdo con sus principios, se encuentran con que por encima de todo están los intereses y la imagen de la empresa. Las individualidades quedan relegadas y el nombre de la compañía acaba justificándolo todo.

Es una situación que conecta directamente con mi propia experiencia laboral en una conocida escuela de cine de Madrid, probablemente la peor experiencia profesional de mi vida, precisamente por encontrarme ante un caso tan claro como el que muestra la película. Hay algo de esa jungla de tiburones que reconocí entonces, donde parece que te quieren por lo que vales, pero cuanto más calladito estés, mejor. Brizé enlaza así con una tradición de cine social sobre el trabajo que tiene en Ken Loach uno de sus grandes referentes y que el propio director francés ha explorado en películas como La ley del mercado, En guerra o Un nuevo mundo. Una película muy interesante que consigue mostrar cómo las grandes estructuras empresariales terminan pasando por encima de quienes solo intentan hacer las cosas bien.

Un hombre de nuestro tiempo (Emmanuel Marre, Francia y Bélgica, 2026)

Sección Oficial. Emmanuel Marre construye una película a partir de la correspondencia entre sus propios abuelos, que nos traslada a la Francia de Vichy en 1940, durante la ocupación nazi. La historia sigue los pasos del abuelo del director, un hombre que encuentra en el nuevo contexto político una oportunidad para prosperar profesionalmente y alcanzar cotas de poder. Para ello, no duda en asumir y aprovechar la ideología del régimen, llegando incluso a firmar órdenes que permiten la detención de ciudadanos judíos. Una aproximación a un periodo histórico en el que la colaboración con el ocupante y el aprovechamiento de las estructuras de poder plantean importantes contradicciones morales.

La película cuenta con una fotografía muy interesante y una interpretación protagonista especialmente destacable. También hay algunos momentos en los que la dirección consigue transmitir la complejidad del contexto y de las decisiones del personaje. Sin embargo, el guion termina pesando demasiado sobre el conjunto. La narración se vuelve rutinaria y repetitiva, insiste en situaciones que no siempre aportan nuevos matices y acaba haciendo que el metraje resulte excesivo. Sus dos horas y media terminan por pasar factura a una película que, pese a sus virtudes visuales e interpretativas, se hace finalmente demasiado pesada.

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