Oreina (Koldo Almandoz, España, 2018)

El cineasta vasco Koldo Almandoz estrena su segundo largometraje tras Sipo Phantasma, distribuido por Golem. En él vuelve a demostrar que hay un autor con una mirada particular detrás de esos secretos escondidos detrás de la naturaleza. 

A pasos cortos y en un cine más de miradas que de diálogos, Koldo Almandoz va poniendo sus cartas sobre la mesa a la hora de hablarnos de sus personajes. La naturaleza es el hilo conductor y el fondo narrativo para todo lo que tienen que esconder sus personajes protagonistas. Los secretos, los silencios, las relaciones y los pueblos, las familias y los rechazos, la enfermedad y la muerte.

Oreina recuerda en cierta manera a Vacas de Medem en la representación del bosque y de los caseríos señoriales vascos, también en la fuerza con la que se presentaban sus personajes y en cómo íbamos descubriendo sus relaciones de parentesco casi desde el tosco silencio y el cantar de los pájaros. La naturaleza era más fuerte que el hombre, se hacía más presente y, sobre todo, era mucho más poderosa.

A orillas de la marisma Saria (en la ría de Oria en Guipuzkoa) se sitúa el caserío donde viven dos hermanos enemistados. En el lugar fluyen los dos paisajes: El rural y el urbano y se transitan en medios de transporte o a pie en secuencias filmadas a tiempo real, para introducir al espectador en el propio viaje. Lo mismo se recorren los espacios en moto, en bici, en tren, en barca, en coche o a pie. El tránsito siempre está presente.

La juventud también. Lo que parece convulsionarlo todo es la aparición de un joven atractivo, dócil y muy simpático y amable, que vive su propia cárcel mundana en un lugar que le oprime y le desestabiliza.

El mundo animal quizás sea la otra punta de lanza, el cineasta se recrea en la contemplación de animales disecadas y, de hecho, se advierte un paralelismo entre los cinco personajes de la película y animales que pueden explicar sus caracteres como animales migrantes o domésticos.

Todos rompen la falta de diálogo a través de las poderosas miradas. Se perdonan en muchas ocasiones sus faltas y sus pecados o se los llevan a la tumba, sin necesidad de verbalizarlos. Es la demostración de que Almandoz sabe de lo que habla, la sociedad vasca está embrutecida y es silente, al menos, es incapaz en su mayoría de expresar sus emociones y sus sentimientos.

Y el problema es que todo funciona y está bien estructurado, pero no nos emociona. No empatizamos con casi ninguna circunstancia de sus personajes. Pero es innegable que seguiremos con interés la carrera de este pequeño pero interesante cineasta vasco.

Premios: Festival de San Sebastián: Premio del cine vasco.

Sinopsis: Khalil es un joven desarraigado que vive en la periferia de la ciudad, allí donde los polígonos industriales confluyen con el río y la marisma. Khalil se busca la vida como puede y pasa los días junto a un viejo furtivo, que comparte una casa en la orilla del río con un hermano con el que no se habla desde hace años. En las orillas de la marisma, las mareas marcan el tiempo del amor y el desamor, de la amistad y la venganza.

Nota: 6

 

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