LESGAICINEMAD 2025 : Por donde pasa el silencio, Los amantes astronautas y Queer

A veces, el silencio sobrepasa cualquier diálogo. En el cine, ese mismo silencio es resistencia pura, una grieta que permite ver el temblor de lo más intimo. Por donde pasa el silencio, la ópera prima de Sandra Romero, lo comprende con una ternura feroz. En esa calma que aparenta, en la Écija donde el calor casi quema piel y recuerdos, reside la violencia reprimida; la de afectos no expresados y la familia como lugar de exilio. Antonio regresa y, al volver, se topa con la imposibilidad de retornar. Aquí, el dolor no es solo nostalgia, sino saber que el hogar, una vez cárcel, jamás será refugio.

Romero expande en el largo el universo de su corto de nombre homónimo, con el que ya sorprendió, mostrando precisión emocional y su increíble habilidad para plasmar lo tácito.
En esa corta obra, la fricción entre la madre y su hijo explotaba en cada escena, con una tensión casi inhumana. Sin embargo, en la película, la cosa se expande, respira más, aunque, se diluye la intensidad original.

La madurez es clara en la forma, la dirección es mas sosegada, la mirada más tranquila, mas paciente, pero el pulso interno del corto parecía ser más inmediato, algo que se desvanece aquí.

Aún con esto, existe coherencia y sensibilidad: Romero continúa sondeando el terreno emocional de la herencia, de esos lazos que condicionan, de eso que no puede decirse. Su cine no quiere discursos raros para serlo; lo es desde su desacuerdo con lo habitual, como filma el cuerpo diferente, el hogar que no acepta.

Del interior de Andalucía nos vamos a la sensualidad brillante del mundo argentino de Marco Berger, un amo indiscutible  en explorar el deseo varonil entre hombres. En Los amantes astronautas, demuestra otra vez su control del espacio y del cuerpo, herramientas del deseo.
Desde Plan B hasta Taekwondo o Un rubio, Berger creo una filmografía reconocible y coherente. Su cámara examina el cuerpo masculino con curiosidad, sin culpas ni fetichismo, buscando la emoción tras el gesto más chico.

El es un autor que convirtió el deseo en lenguaje, el contacto en una estructura narrativa. En esta peli nueva, el tono es más alegre, casi despreocupado. Dos muchachos, Pedro y Maxi, simulan ser pareja, y en esa mentira, brota la verdad. Berger se divierte con el engaño, con la línea difusa entre amistad y atracción, entre lo que se expresa y lo que se sugiere. Hay humor, ternura y un deje de melancolía. La sensación de ver una educación sentimental filmada con alegría y ligereza.

Si bien es una obra menos relevante en su filmografía, también confirma su madurez; su forma de filmar persiste transparente, clara y profundamente sensual sin enseñarlo todo. Berger, sigue siendo el gran relator del deseo masculino actual, un director que comprende que el erotismo no está en el cuerpo, sino en la mirada.

Y entonces, llega el instante mágico del festival.¡la peli sorpresa! Que un festival aún conserve la costumbre de mostrar un título sin avisar, en una era llena de información y constantes «spoilers», vale muchísimo. Te acomodas en la butaca, sin idea alguna de lo que verás. La gente cuchichea, imagina, aguarda ansiosamente. Las luces se apagan y de pronto, ¡Queer de Luca Guadagnino emerge en la pantalla!
El silencio tras el aplauso generalizado en la sala en ese momento es algo parecido a una unión colectiva, ¡un retorno al misterio genuino del cine! Ver sin saber.

Mostrar Queer como sorpresa, fue un jugada bien audaz y estimulante. No solo por ser una de las pelis más comentadas del año, después de pasar por Venecia, sino porque su tono y riesgo conectan directamente con el espíritu del festival. Que un título así aparezca sin avisos, sin promoción, ni expectatívas, permite mirarla con curiosidad y sorpresa, lo que su propia historia busca.

La peli, basada en la novela de William S. Burroughs retrata a Daniel Craig, mostrandolo distinto. Su actuación, sutil, vulnerabe, se convierte en un hombre perdido en el México de los años cincuenta, entre tragos, silencio, y un deseo inexplicable. Que un actor famoso por su imagen varonil elija este papel, no solo es arte, también política. Guadagnino dirige sin cursilerías o trucos, prefiriendo una escenografía simple, cercana al realismo incómodo de Bones and All que al romanticismo de Call Me by Your Name.

Queer se inscribe en la línea del cine que incomoda, una historia de obsesión, soledad y deseo culpables. A diferencia de Querelle, con su estilo, o la melancolía de My Own Private Idaho, Guadagnino se decide por la contención, por lo incomodo. No hay salvación, ni lecciones, ni belleza superficial: hay carne, sudor, fragilidad. Ahí reside su poder.
En Venecia, dividio al publico, y es probable que lo siga haciendo.
Pero justo allí radica su significado ah, nos recuerda que lo queer, cuando es auténtico, no serena, sino que perturba.

Si Por donde el silencio transita, nos narra sobre el hogar como sitio inalcanzable y Los amantes astronautas exalta la inocencia del encuentro, Queer nos confronta con el anhelo como caos, como rotura. Tres filmes, tres ópticas de lo queer desde diversos ámbitos y generaciones: la familia, el juego y la cicatriz.

Y entre todas, la rememoración de que, en ocasiones, el cine aún logra sorprenderte: solo necesitas sentarte a oscuras, ignorar lo que verás, y dejar que la pantalla retorne a su magia.

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