73ª Edición del Zinemaldia: Festival de cine de San Sebastián: Sección oficial

Aqui os hablo un poquito de todas y cada una de las películas que se jugaban la Concha de oro de San Sebastián este año: 

Ballad of a Small Player

Después del impacto enorme de Sin novedad en el frente, era lógico esperar mucho de Edward Berger. Aquella película tenía fuerza visual, contundencia dramática y una capacidad poco habitual para convertir el espectáculo en experiencia moral. También en Patrick Melrose había demostrado precisión psicológica y control narrativo.

Aquí, sin embargo, el resultado es francamente decepcionante. Ballad of a Small Player es una película fría, distante, sin verdadera tensión emocional. Parece elegante en la superficie, pero vacía por dentro. No hay riesgo ni intensidad, ni la sensación de mirada personal que sí estaba en sus mejores trabajos. Es, claramente, un paso atrás importante en su filmografía.


Belén

Belén es una película correcta, bien interpretada y formalmente ordenada. La dirección mantiene el equilibrio y evita caer en el subrayado excesivo, algo que siempre se agradece en materiales de fuerte carga temática.

Sin embargo, es evidente que parte del entusiasmo que ha generado se debe al tema que aborda —los abusos hacia las mujeres y su resonancia social— más que a una potencia cinematográfica verdaderamente excepcional. No está mal, en absoluto. Pero el bombo parece mayor que la verdadera dimensión artística de la propuesta.


Las corrientes

Una de las películas más injustamente tratadas de la Sección Oficial. Las corrientes es cine de dirección precisa, elegante y nada obvia. Trabaja desde la contención y la construcción progresiva de atmósferas, sin buscar el golpe fácil ni el dramatismo exagerado.

En su manera de observar los conflictos íntimos y de dejar respirar a los actores, recuerda al mejor cine de Joachim Lafosse: tensión doméstica, desgaste emocional, sutileza en los silencios. Precisamente por esa madurez sorprende que no se reconociera su dirección o su interpretación protagonista. Era de lo mejor del conjunto.


Couture

Alice Winocour continúa explorando un cine de prestigio, cuidado y calculado. Ya en Proxima se percibía esa voluntad de equilibrio entre emoción y corrección formal.

En Couture vuelve a aparecer esa sensación de película pensada para funcionar en circuito festivalero. La presencia de Angelina Jolie aporta visibilidad y peso industrial, pero el conjunto resulta demasiado controlado, demasiado consciente de sí mismo. Elegante, sí; verdaderamente arriesgada, no.


Le cri des gardes

Con Claire Denis siempre hay expectativas altas. Su cine ha sido radical, sensorial y profundamente físico, como demostraba Beau Travail.

Aquí, sin embargo, la densidad termina convirtiéndose en pesadez. Hay coherencia autoral, pero la película resulta árida, incluso agotadora por momentos. Parte de la crítica la ha defendido como una de las grandes propuestas del año, pero personalmente se percibe más como un ejercicio intelectual que como una experiencia emocional vibrante.


Dos pianos

Arnaud Desplechin es un cineasta al que aprecias especialmente. En Un cuento de Navidad convirtió el caos familiar en una sinfonía dramática llena de matices y contradicciones.

En Dos pianos intenta modificar su registro, desplazarse hacia otras dinámicas narrativas. El problema es que el conjunto pierde cohesión. Hay momentos brillantes, incluso muy inspirados, pero la película parece debatirse entre su identidad clásica y una voluntad de cambio que no termina de integrarse.


Frank de Frank Kafka

Una sorpresa positiva. La película funciona mejor de lo que cabía esperar y encuentra una interpretación protagonista muy sólida que sostiene el relato con convicción.

Evita la caricatura literaria y mantiene un equilibrio interesante entre respeto al material y construcción cinematográfica propia. Sin ser extraordinaria, está claramente por encima de la media del conjunto.


Historias del buen valle

José Luis Guerín vuelve a demostrar que es un cineasta único. Su mirada siempre se sitúa entre la observación documental y la ficción poética.

Si en En construcción capturaba el pulso de un espacio urbano en transformación y en En la ciudad de Sylvia exploraba la memoria y la mirada con extrema delicadeza, aquí reafirma esa singularidad. Es una película estupenda, de las que crecen con el tiempo y consolidan su lugar como autor imprescindible.


Jiangju laide mama

Una película con un guion interesante y una estructura narrativa cuidadosamente diseñada. Se percibe un trabajo consciente en la progresión dramática y en la construcción de los conflictos familiares.

Sin embargo, la puesta en escena no termina de acompañar con la misma intensidad. El resultado es correcto, pero menos memorable de lo que prometía. El reconocimiento a la dirección puede resultar discutible si se compara con propuestas más arriesgadas del certamen. Es una obra estimable, aunque no especialmente trascendente.


Máspalomas

Aitor Arregi y José Mari Goenaga han demostrado en títulos como Loreak, Handia o La trinchera infinita una sensibilidad especial para los conflictos íntimos y el tempo contenido.

La película no es mala, pero su inicio prometía algo más valiente: centrarse en la sexualidad en la tercera edad, sin paternalismo. Ese planteamiento era verdaderamente interesante. Sin embargo, acaba desplazándose hacia los temas habituales de la vejez en el cine —soledad, miedo, fragilidad— y ahí pierde la singularidad que parecía anunciar.


Núremberg

Un tema fascinante tratado con excesiva solemnidad. La película se vuelve discursiva y pesada, sin explotar toda la tensión dramática que su material histórico permitía.

La interpretación de Russell Crowe resulta exagerada, casi enfática en exceso, lo que resta naturalidad al conjunto. Más peso retórico que verdadero cine.


Say Disaster

Mejor de lo que parecía en un primer momento. Tiene energía y cierta frescura que la hacen avanzar con soltura.

No obstante, no alcanza una dimensión verdaderamente memorable. Es una propuesta correcta, funcional, pero lejos de las más estimulantes de la Sección Oficial.


Six jours ce printemps-là

En Joachim Lafosse, el conflicto íntimo siempre se trabaja desde la contención y el análisis minucioso de los vínculos afectivos. Aquí vuelve a centrarse en la fragilidad emocional con una dirección sobria y precisa.

Es una película pausada, que evita el melodrama y apuesta por la coherencia interna. No alcanza grandes cumbres emocionales, pero mantiene elegancia narrativa y una notable precisión interpretativa. Una obra sólida, aunque no especialmente expansiva.


Los Tigres

En el caso de Alberto Rodríguez, la sensación es de retroceso respecto a sus trabajos más potentes. Hay una fotografía y un diseño sonoro muy trabajados, técnicamente impecables.

Sin embargo, narrativamente resulta menos ambiciosa y menos intensa. Se percibe como un paso atrás considerable dentro de su filmografía.


Ungrateful Beings

Olmo Omerzu firma una de las grandes sorpresas de la Sección Oficial. Es una película compleja, incómoda y moralmente dura.

Precisamente por no ser complaciente ni humanista en un sentido amable, parte de la crítica la rechazó con dureza. Pero ahí reside su valor: no busca agradar, sino incomodar y abrir zonas grises. Una de las propuestas más valientes del conjunto.

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