Verano 1993 (Carla Simón, España, 2017)

El viernes 30 de junio llega a nuestras pantallas una de las mejores (sino la mejor) película española que se estrenará este año. Viene desde Barcelona, bajo la batuta de una directora novel que se llama Carla Simón y que con su ópera prima ha conquistado a público y crítica internacional en los festivales de Berlín y Málaga. 

Hay que remontarse hasta Cría Cuervos para ver dentro del cine español un retrato infantil tan certero, inquietante y memorable como el que Ana Torrent regalaba a Carlos Saura. Con mano de genio en aquella lograba hacer nacer a una intérprete antológica que años después se convertiría en la icónica Ángela del Tesis de Amenábar. Lo que consigue Carla Simon, sobre todo, con Laia Artigas, la protagonista de esta historia que es un trasunto de sí misma en realidad es prodigioso. Su devenir vital nos hipnotiza, nos conmueve y además se extiende al resto del reparto, en una ópera prima que pasará a la historia por su cercanía, por su sensibilidad y por los premios obtenidos ya internacionalmente.

Carla Simón nació en 1986 y justo en el año del que nos habla pasó por esa misma experiencia cruenta que cuenta en Estiu 1993 (Verano 1993). Con siete años perdió a su madre víctima de un virus (el VIH) que en los 80 y 90 provocaba el pánico y la locura generalizada de una sociedad que no atendía ni a lógicas ni a razones. Su vida dio un giro de 360º y con la muerte de su madre acabó viviendo con sus tíos y su prima haciendo de apurados progenitores.

Una infancia difícil. Una niña enfrentándose de lleno a la vida adulta. A la sinrazón, al dolor más apabullante pero silencioso de la pérdida. Una niña ajena a los lugares y a las personas, como si se hubiera quedado ciega y sorda; haciendo de su paso a la madurez un camino por el que es mucho más difícil transitar. Laia Artigas lleva el peso del film y lo hace con un personaje a todas luces complejo: por una parte es una niña necesitada de cariño, que no comprende todo lo que le está ocurriendo; por otra parte necesita explotar y sus actitudes y sus formas de llamar la atención sacan de quicio a cualquier adulto. Una niña que tiene que ver las cosas desde un punto de vista adulto, pero aún está en la fase en la que pintarse, jugar a las muñecas, equivocarse, perderse y realizar un autodescubrimiento constante que Carla Simón parece relatarnos sin tapujos y sin olvidos. Implanta en Laia sus recuerdos y pulsa la tecla de la espontaneidad y la improvisación. Y lo consigue, vaya que si lo consigue.

En ese viaje vital y esa huida hacia adelante, su adaptación a esa nueva familia se hará más cuesta arriba aún frente a sus tíos de muy diferentes perfiles: Bruna Cusí, su tía y nueva madre, quiere educarla además de quererla; David Verdaguer quiere únicamente que la niña sea feliz para evitar más conflictos en su vida.

Todos estos caminos ya habían sido transitados por Carla Simón, quien a pesar de su juventud, ya había hablado sobre todo ello en sus primeros cortometrajes previos a Verano 1993Born positive (2012), Lipstick (2013) o  Las pequeñas cosas (2014).

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Los que venimos de esa generación, sentimos de alguna manera esta película como nuestra pues el metalenguaje, los lugares, las formas, las situaciones y las sensaciones nos parece que han permanecido en nuestras retinas como si se tratase de un dejavu, un sueño vívido y doloroso. Pero esto es en parte por el trabajo de los intérpretes y, sobre todo, por el trabajo de Simón como directora de actores, se me ocurren pocas películas de ficción tan naturalistas, sensibles, veraces y tiernas como esta ópera prima.

La directora se desprende de todo lo que sintió, de todo lo que la curtió en su vida adulta con una desarmante sinceridad y con ausencia total de florituras estéticas (decorados o músicas). Presenta la realidad de esa historia en su día a día y en la espontaneidad de dos pequeñas que abren la posibilidad de encontrarnos como en el caso de Ana Torrent a dos futuras grandes actrices: Laia Artigas y Paula Robles. Las escenas que comparten son prodigiosas y lo que dibujan suele ser realmente mágico.

Simón, Artigas y el resto del reparto nos regalan una de las películas que serán nominadas a la próxima edición de los Goya. No ganará, advertimos, es demasiado buena. Y las buenas se suelen ir sin premio. Eso sí, vayan a verla. Este es un cine que cambia, que posibilita la reflexión, un cine que conmueve y que hace que quieras saber más de los personajes una vez que aparecen los créditos. Un cine que descubre grandes artistas y que está hablado en catalán. Sí, abstenerse prejuiciosos, más que nada porque de Cataluña nos llega una de las mejores corrientes de cine español de los últimos años. Lo sorprendente, lo gratificante es que es un cine con mirada femenina, dirigido y protagonizado por mujeres. Eso, es siempre motivo de júbilo.

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Verano 1993 es una de las mejores óperas primas españolas de los últimos años. Consigue hablar de la muerte de la infancia, de la muerte de la inocencia a marchas forzadas, por los errores y la poca consideración de los adultos. Es una puesta de largo de las ideas y la sensibilidad de uno de los también mejores cortometrajes españoles de los últimos años: Matar a un niño de los Hermanos Alenda y que también os recomiendo encarecidamente. saber hablar de la infancia con la sutileza propia del naturalismo y saber colocar la cámara de una forma que parezca que no hay una escena preparada es algo prodigioso. Lo repito, no sean tontos, y no se queden sin su entrada. Lo agradecerán.

 

Premios: 

Festival de Berlín: Mejor Ópera Prima, Gran Premio del Jurado Internacional (Sección Gen. KPlus)
Festival de Málaga: Biznaga de oro a la mejor película, Premio Feroz de la crítica a la mejor película
Bafici:  Mejor Dirección y Premio del Público,
Festival de Estambul:  Premio Especial del Jurado

Sinopsis: Frida (Laia Artigas), una niña de seis años, afronta el primer verano de su vida con su nueva familia adoptiva tras la muerte de su madre. Lejos de su entorno cercano, en pleno campo, la niña deberá adaptarse a su nueva vida.

 

Nota: 8,5

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