Una razón brillante (Yvan Attal, Francia, 2017)

Yvan Attal (Mi mujer es una actriz) dirige a Daniel Auteil y a Camelia Jordana en un tour de force interpretativo, basando su cinta en la oratoria y en la relación entre un polémico profesor y su joven alumna.

En una película sobre maestro-alumno que encima es francesa, qué raro, las aulas y el cine francés parecen convivir e incluso trasnochar y pasar noches en vela; el principal punto de interés residía en la Oratoria, ese arte mal entendido y poco exhibido de contar las cosas con elocuencia, no hace falta que sean banales o falsas, lo importante es que el otro se las crea, esto se afirma en la cinta.

El racismo es racismo aquí y en Parla. Igual que la homofobia es homofobia en cualquier lugar del mundo. Que quien hace el chiste, la broma o la jocosa aseveración sea un hombre ilustrado, ducho y de buen plante, con una imponente y apropiada vestimenta, no le exime de culpa, de daño en el otro ni de vergüenza ajena en los digamos bienpensantes.

Cuidado con confundir la corrección política con el sentido común o la incorrección política con la xenofobia más culta; eso es una falacia y un argumento cuanto menos peligroso. Aquí el inexperto director Yvan Attal se mete en el berenjenal del diálogo entre contrarios, pero con un personaje que más que antipático debería ser advertido, suspendido y apartado. No todo vale. Ojalá el diálogo entre contrarios pudiera atraer posturas entre diferentes pero con el respeto como máxima. Sino no hay diálogo posible. Quizás habría que cambiar las formas y estar predispuestos a escucharnos, pero nunca llegando a la descalificación personal, la burla o el escarnio público, como ocurre en la película.

La película se salva de la quema por el buen hacer de sus dos actores protagonistas: Daniel Auteil cumple perfectamente el papel de conservador profesor bastante antipático y una desconocida Carmelia Jordana (ganadora del César a mejor actriz revelación) le da la réplica como joven lo suficientemente inteligente para saber sacar de su maestro todo lo que necesita.

Otros intentos del cine han reflejado con mejores o peores resultados las tensas relaciones entre profesores y alumnos: Half Nelson, La clase, El profesor, El taller de escritura (que pronto se estrena en salas, del director Laurent Cantent, responsabe también de la mencionada La clase), El buen profesor, que se estrena este próximo viernes y de la que pronto tendréis la critica. Pero si hay una película o dos que recordamos especialmente esas son: El club de los poetas muertos y El indomable Will Hunting. De esta última alberga la capacidad para saber exprimir al contrario, para saber ver lo mejor de él. Pero con un personaje que en Le brio (Una razón brillante) es capaz de lanzar un exabrupto en la primera escena de la película, poco se puede hacer. Poco se puede dialogar. La burla y el escarnio público no deberían permitirse. Y eso daría para una buena película y más en los tiempos que corren, pero intentaremos dejar esa historia en mejores manos.

En definitiva, hay buenos intentos en esta película, loables e interesantes. Hay un buen punto de partida: La oratoria es la única que puede solucionar conflictos, pero los resultados son desiguales. No es para nada una mala película, pero no se nos ocurre ninguna “Razón brillante” para acudir en masa a verla. Lo sentimos.

Sinopsis: Neïla Salah es una joven del extrarradio parisino que sueña con ser abogada. Se ha matriculado en la facultad de Derecho más importante de París, pero el primer día de clase tiene un enfrentamiento con Pierre Mazard, un profesor algo conflictivo. Para redimirse, el profesor propone a Neïla ayudarla a preparar una importante prueba a nivel nacional. Aunque cínico y exigente, Pierre sería la ayuda ideal que Neïla está necesitando pero para ello tendrán que empezar los dos por superar algunos prejuicios.

Premios
Premios César: Mejor actriz revelación (Camélia Jordana)

 

Nota: 5.5

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