Muestra de cine de Ascaso: Día 5

Esto se acaba, con todo el dolor de nuestros corazones, pero todo llega a su fin. Fue un día bien completo empezando a las 12 am con la película Le tableu que varios niños acompañados disfrutaron en la borda pequeña (la de los cortos) . La película se proyecto en versión original en francés con subtítulos en castellano y muchos no sabían leer, pero el cine es tan grande y la educación tan poderosa, que con ayuda de sus padres, los niños no se perdieron ni uno sólo de los fotogramas de la película animada. El cine debe ser en versión original siempre, debemos educar a nuestros pequeños en el amor a la cultura, a la creación, a su forma primigenia, a valorarla, sentirla y disfrutarla. Ascaso es reivindicación y ayer realizó otra muy importante.

Y a las 14.30 la comida popular. Tres  supercocineras prepararon una paella para aproximadamente cien personas. La borda grande al aire libre, al sol libre mejor dicho, se abarrotó de familias buscando su plato. Botellas de vino y cervezas por doquier, también platos de embutido y de ensalada, pero la paella, el plato estrella se comenzó casi como un ritual ante la espectación de todos los que después la degustaríamos. Mucho cansancio entre los voluntarios pero la misma ilusión que el primer día. El invitado de por la noche realizó un delicioso arroz con leche afrutado para el postre y todos degustamos una contundente comida a la brasa de lorenzo.

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Y después vino la calma, la paulatina recuperación del espacio físico que casi como si de colonizadores se tratase, habían llenado de vida la borda. Las mesas fueron volviendo a recuperar su blanco intacto, los platos se fueron retirando, las sillas quitando, los vasos vaciando, las balletas hicieron el resto. Y la borda fue recuperando su silencio, lo que lleva al olvido, esa quietud a veces necesaria pero que con el paso del tiempo, condena a las aldeas y pueblos al ostracismo. Ascaso puede que gracias a esta Muestra ya se haya liberado de esa cadena. Como decía uno de sus co-directores, Miguel Cordero, ahora se ha colocado Ascaso en el mapa, y ya saben dónde está. El resto, habrá que construirlo poco a poco.  Pero el vera personas que un día abandonaron estos lugares reunirse para comprobar por sus propios pies en qué estado se encuentra el pueblo, para contemplar emocionados como se reconocen las caras, los gestos, las miradas, las ilusiones, es algo que emociona de verdad.

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Por la tarde, con poco tiempo de recuperación. después de la primera visita el año anterior de la ronda de boltaña, nos visitó un cantautor sobrarbense, el miembro más joven de esa ronda, de nombre Francho Serrablo. Que la aldea está llena de vida y que la Muestra es en buena parte culpable de ello, es algo que Francho consiguió acercarnos con sus canciones, de amor, de sueños, de libertad, sobre todo de libertad. La plaza de Ascaso estaba llena de vida y emocionaba ver cómo todos juntos alzábamos nuestras manos al son de la canción de Labordeta: “Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad.” Emociones muchas y comunidad, unión y libertad. Vida en una aldea que parecía perdida pero que como ave fénix resurge de sus cenizas.

Subían al escenario los creadores de la muestra, compañeros y amigos: Miguel Cordero y Néstor Prades, para agradecer el apoyo de todos los voluntarios, el compromiso de los vecinos y amigos y la ilusión de hacer que esa aldea no vuelva a olvidarse nunca. Para ello hicieron entrega del I Premio de Ascaso a cualquier medio que defendiera el cine en los espacios rurales. Este primero fue a parar al programa dirigido y presentado por Javier Tolentino: El séptimo vicio de Radio 3. Él no pudo venir y dio paso a un joven becario del programa quien en nombre de Javier y del programa realizó una defensa de este tipo de eventos, del cine de autor y en versión original.

Y mientras tanto, llegaba el plato fuerte. A las 21.30 se proyectaba bajo las estrellas de Ascaso, uno de los documentales más sensibles, intensos y necesarios de los últimos años: Nostalgia de la luz del chileno Patricio Guzmán, que precisamente no pudo venir a Ascaso porque se preparan en su país los homenajes y los recuerdos al golpe de estado que derrocó a Allende en el 73. Un 11 de septiembre un tanto diferente. Las luces se apagaron y aparecieron ante nuestros sentidos una amalgama de imágenes difíciles de olvidar: telescopios, desiertos, estrellas, huesos, melancolía, tristeza, astros, planetas. Todo con la sutileza de uno de los mejores documentalistas del mundo. En Francia la aplaudieron durante más de dos años, en Latinoamérica fue la película más vista el año pasado, y sin embargo, en España, aún no ha conseguido distribución comercial. Tuvo unos tímidos pases bien aplaudidos por quien suscribe estas líneas en la Cineteca de Madrid. Pero donde de verdad se lució Nostalgia de la luz fue en Ascaso. Poder continuar las estrellas de la pantalla mirando al cielo es algo difícil de explicar. La emoción traspasaba la propia historia de la película, la emoción era también física. Sentías el frío, la dulzura, la profunda tristeza, la incomprensión, la injusticia y salía desde dentro un grito sordo y seco aunque silente que decía que debemos conocer nuestro pasado, que debemos saber dónde están los cuerpos de nuestros seres queridos, sean de la ideología que sean, hayan hecho lo que hayan hecho, por el simple hecho de que queremos poder seguir durmiendo tranquilos. Qué belleza y qué nostalgia, nostalgia de la luz, de la oscuridad, de todo lo que se nos oculta. Qué fácil es a veces estudiar las estrellas y qué difícil estudiar aquello que tenemos más cerca y que de verdad necesitamos para continuar…

Gracias Néstor y Miguel por toda la muestra pero en especial por esta película, gracias Patricio y gracias Andrea.

La III Muestra de cine de Ascaso empieza en realidad justo después de la segunda. Todos, amigos, creadores, amantes incluso ya vamos a ir poniendo nuestro granito de arena para hacerla posible. Y todos juntos gritaremos libertad el año que viene.

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