La gaviota (Michael Mayer, Estados Unidos, 2018)

La gaviota es una adaptación de una obra de Anton Chejov protagonizada nada más y nada menos que por Anette Bening, Saoirse Ronan y Elisabeth Moss y con distribución de La Aventura Audiovisual. 

Ante una obra adaptada siempre cabe la precaución, el análisis sosegado y la contemplación de cada obra como un ente individual, baremable,

No estamos aquí, los que nos llamamos críticos para discernir si la obra de Chejov es o no buena, aunque no admita opinión, ni si La gaviota en sí misma debe ser considerada una obra cumbre o un clásico irrepetible; tampoco estamos para decidir si ha sido adaptada o no como se debe, porque eso no deja de ser una opinión y cualquier opinión es subjetiva, hasta que se demuestre lo contrario. En realidad, lo que deberíamos poder hacer los críticos es adaptar lo que vemos al espectador, contarles por qué deben ver o no ver tal película en función de o que nosotros hemos vivido y sentido en pantalla.

Y eso me propongo hacer en este momento, con la Gaviota.

De montaje ágil y de movimientos de cámara demasiado estilizados, la película intenta rodear la rigidez manifiesta de la obra de Chejov a través de florituras técnicas y de soluciones de montaje, que como bien afirma Jordi Costa, muchas veces “no son el mejor servicio que un cineasta puede hacer a la entrega incondicional de un reparto que parece haber recibido esta oportunidad de hacer un chejov como ese regalo que ya nadie podía esperar de la industria audiovisual”.

La película habla de deseos, de sentimientos profundos y de obsesiones ocultas, sueños de juventud y de incomprensión. La cinta habla del amor al arte y de la incomprensión por parte de la burguesía de ese arte. En el mismo modo, casi como el ying y el yang también habla del sentimiento amoroso. Las dos grandes pasiones vitales.

Michael Mayer que ya había dirigido una representación teatral de Tio Vania protagonizada por Laura Linney, se acerca al texto de Chejov intentando dinamizarlo, jugando a los primeros planos con lo mejor de la película sin duda, su reparto encabezado por la dolorosa y sufridora Elisabeth Moss, la señora de la casa y madre dura y olvidada: Annette Benning, la ingenua y alocada Saoirse Ronan y el pobre joven agonizante Brian Dennehy.

Una cinta existencial como toda la obra de Chejov  en pocos decorados, lo que hace que parezca muy teatral, por ello el director juega demasiado con los movimientos de cámara.

En definitiva, una película disfrutable por varios aspectos, cargante y repetitiva por otros, pero aunque emocione no consigue que trascienda o que queramos aunar en la obra de Chejov y eso no puede ser bueno.

Sinopsis: Rusia, a finales del siglo XIX. La actriz Irina Arkadina (Annette Bening) es una veterana y vanidosa estrella del teatro moscovita que pasa parte del verano en una idílica finca junto a un lago, propiedad de su hermano enfermo (Brian Dennehy). Allí compartirá los días con su amante, el escritor Boris Trigorin (Corey Stoll), su hijo (Billy Howle), aspirante a escritor, y la joven e ingenua actriz Nina Zarechnaya (Saoirse Ronan). Ellos, y un puñado más de personajes, sufrirán el fatal enamoramiento de la persona inadecuada. Adaptación de la obra teatral “La gaviota” de Chéjov.

Nota: 6

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