III Filmadrid 2017 Día 4: Sion Sono + todo lo demás

  • ANTIPORNO

Y llegó Sion Sono. Y no ganará porque su película es compleja, con muchas capas, como la cebolla y con una estructura y un entramado maquiavélico pero fascinante; pero sin duda, es nuestra película preferida de una sección oficial tan ecléctica, ambigua y de diversos resultados finales, como siempre.

La productora Nikkatsu quiere revivir el género erótico japonés llamado originalmente pingu eiga (película rosa) y conocido internacionalmente como Roman Porno. Y como si de un dogma 95 se tratara sigue las normas de este género para después saltártelas y conseguir con ello hacer una crítica demoledora al género.  En Occidente y también en Oriente, se asocia el rosa con lo femenino, pero lo femenino en este subgénero está asociado con películas sobre mujeres destinadas mayoritariamente a público masculino ávido de violencia y sexo. En sus películas, por ejemplo, no se pueden mostrar genitales y las escenas sexuales deben ser simuladas, pero tiene que haber alguna cada diez minutos de metraje.

La película se acaba convirtiendo en un importante documento contra el trato machista y reprobable que el género masculino ejerce sobre las mujeres en Japón. Desde una perspectiva casi surrealista y con un dominio de la puesta en escena fascinante y bello, con una estética impresionante, estilizada e inolvidable; Sion Sono transforma una simple película erótica en una suerte de arma arrojadiza contra las costumbres machistas de una sociedad deshumanizada y envilecida.

Antiporno se parece a Tag en cuanto a sus giros argumentales y a sus cambios de espacios. Faltaba tiempo para que Sion Sono, el amante de la violencia, las disfunciones familiares (y/o sexuales), el gore y el deseo más encarnizado, realizara una película roman porn. Lo ha demostrado en cintas como La mesa de Noriko (2005), Cold Fish (2010), Love Exposure (2008), Guilty of Romance (2011) o Love & Peace (2015).

Sion Sono interactúa con el espectador, le grita, le escupe, le vomita, para provocar en él una reacción, que la indignación llegue por los improperios que se vierten hacia ellos y no por las barbaridades que están contemplando. La mujer no deja de ser un objeto de deseo codiciado, manipulado, envilecido y violentado como marioneta por todo el género masculino. En el fondo este metacine no es más que un reflejo de como representamos a la mujer en nuestro día a día y como la hacemos sentir.

Lo mejor de Antiporno es que cualquiera podría haber hecho una crítica a la utilización de la mujer en oriente y occidente, una crítica voraz, desternillante y maquiavélica, pero nunca tendría una puesta en escena, una profundidad estética y formal y un tratamiento tan estilizado, onírico y cuidado, como el realizado por Sion Sono.

 

  • STAND BY OFFICE

Randa Maroufi, que el año pasado presentó Le parc, un cortometraje con unas formas cuidadas y muy personales, este año se atreve con el tema de la inmigración en una pieza de estilo y única en su punto de vista. Nos adentramos en una oficina: vemos los gestos cotidianos, un recepcionista al teléfono, un hombre consultando archivos, y sin embargo algo falla. Ese espacio común que es una oficina, por todos reconocido, tiene como sujetos principales a inmigrantes refugiados, sin papeles, “disfrazados” como si fueran los trabajadores. La crítica es demoledora y el experimento muy interesante.

 

  • THE SUN, THE SUN, BLINDED ME

Adaptación de El extranjero, que traslada la historia de Camus a actualidad, cambiando la guerra de Argelia por el desesperado flujo de inmigrantes africanos hacia las costas europeas. Mularz se ha diseñado cuidadosamente una rutina para protegerse del mundo exterior. El día que encuentra, mientras hace su rutinario running, a un inmigrante africano recién llegado a la costa, se le plantea un escabroso dilema: acogerle, perseguido por sus viscerales miedos, o llevar hasta las últimas consecuencias su propia alienación.

Presentada en el Festival de Cine europeo de Sevilla y con excelentes críticas. Nosotros no hemos visto nada reseñable de la cinta. Ha pasado sin pena ni gloria por nuestras retinas y eso en un festival es sinónimo de olvido. Esta película polaca tiene algunos momentos inquietantes e interesantes pero no deja de ser un experimento fallido, al menos bajo nuestro punto de vista. Esta cinta polaca pudo dar mucho, mucho más.

 

  • HERMIA & HELENA
Agustina Muñoz aprueba un protagónico a dos lenguas.

Camila (Agustina Muñoz) se despide de Buenos Aires para mudarse a Nueva York. decide despedirse de su casa en Buenos Aires para mudarse por un tiempo a Nueva York. Este viaje que ya realizó una amiga a la que no cambió nada, a la misma ciudad, con la misma beca, incluso al mismo piso de Manhattan a ella está a un paso de cambiarle la vida plenamente. No por nada concreto, sino porque las pequeñas cosas son las que van modificando los caracteres y las formas.

Matías Piñeiro se nutre de situaciones firmadas por Shakespeare y con una estética que en muchas ocasiones recuerda a Woody Allen. Los sentimientos en el cine de Piñeiro están soterrados y muchas veces quedan desdibujados. En una historia a dos orillas que muchas veces se pierde en tiempos, se intenta hacer foco en las relaciones personales pero no siempre se sabe cómo. Quizás la escena más lograda sea aquella en la que Camila conoce a su padre, un americano que se acostó con su madre en Australia y que en un juego de preguntas y respuestas y de faltas y comprensión se transforma en una necesidad de descubrimiento por parte de ambos. La profusión de los fundidos a negros para estructurar mejor las escenas se hace agotador.

Séptima película del cineasta de 34 años, que concursó en Mar de Plata con Hermia & Helena: Todos Mienten, Viola y La Princesa de Francia son sus anteriores películas.

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