Filmadrid 2016: Día 2. Pietro Marcello, Lav Diaz, Argentina e India

Ha prendido la vela de Filmadrid, la vela de la experimentación y la vela también de los cinéfilos de pro. Segunda edición apostando por un festival diferente entre jóvenes cineastas y  maestros del cine. Elena Duque realiza una estupenda pieza como cabecera de  Filmadrid que nos anima y nos llena de vida.

En primer lugar, y después de la inauguración con Francofonia pudimos ver Il passaggio della linea (2007), un mediometraje de uno de los focos que dedica este festival en su II edición. La película es del documentalista italiano Pietro Marcello  y con el traqueteo de un tren nos introduce en su recorrido a través de la noche. Arturo es el narrador de esta historia coral y se dice a sí mismo: El vagabundo más rico del planeta, no por sus posesiones, no por el dinero. Sino por poder viajar. El contraplano de Arturo son los testimonios de otros italianos, dentro y fuera del tren.  La noche toma su fuerza en esta Sinfonía de una vía y los paisajes se adueñan de la pantalla, si su metraje hubiera sido algo menor, hubiera tenido mucha más fuerza, porque oprime demasiado la tecla de la nostalgia y de la belleza irrecuperable.

Il passaggio della linea (Pietro Marcello, 2007)

En respuesta a la primera, se nos presentaba Il silenzio di Pelesjan, una película completamente diferente de Pietro Marcello, que recoge muchas de las imágenes que el autor armenio y formado en la Unión Soviética, Pelesjan grabara. Pelesjan decía que el silencio se utilizaba para evitar la violencia de las palabras. Con este documental de corte mucho más experimental, las imágenes de Marcello y las de Pelesjan se suceden, hasta fusionarse. Lo más interesante de este doble programa es la particularidad de las formas de ambas películas, completamente diferentes, pero con un mismo autor detrás.

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El movimiento, de Benjamin Naishtat y The Day Before The End, de Lav Díaz fueron las dos películas que abrían la sección oficial a concurso y apuntaron maneras en cuanto a los criterios de selección. Lo primero que se dejó claro por parte de los programadores fue la inclusión en sección oficial de películas de muy diversas duraciones, otorgándoles la misma importancia. Igual o mejor puede ser un cortometraje de apenas 3 minutos que una película larga de 190 minutos. Es una reivindicación lógica para quienes amamos el cine, pero que se aleja de lo que el público de a pie, siente sobre el séptimo arte. Aunque este festival no esté hecho para ellos.

 

El movimiento, del argentino Benjamín Naishtat, es interesante más en la forma que en el fondo. Nos habla de la creación de la nación argentina en el Siglo XIX. Es una cinta política de corte teatral que se nutre de una bella fotografía en blanco y negro y nos habla acompasada de la anarquía, la mafia, la violencia y el poder. O lo que es mejor, todo unido. Iluminación muy tenue, casi inexistente, una cámara casi quieta y unos intérpretes en estado de gracia. Casi sin quererlo nos sumergimos en una cinta que explora de manera hábil los mecanismos del poder, extravagante pero cercana.

El cineasta filipino Lav Diaz, al que la primera edición del pasado año se le realizó una retrospectiva, presentó el cortometraje The Day Before The End, poco usual cala en una torrencial carrera en la que abundan las películas de más de cuatro horas de duración. Curioso experimento en el que se mezclan las lluvias y los departamentos de Shakespeare en plena calle. Hamlet o Julio César se declaman ante unas inundaciones que están desolando el paisaje. Una obra menor del cineasta en metraje y en intenciones

The Fourth Direction de Gurvinder Singh también de la sección oficial, venía de la sección Un certain Regard de Cannes y nos adentra en la historia contemporánea de India, con numerosos conflictos religiosos a lo largo de su historia.

La cinta tiene dos partes cuyo nexo es vacuo y forzado: El principio y el final de la cinta se nos cuentan en un tren y la historia principal deambula en el crisol de una familia que sufrió y observó las rvueltas y represiones que sufrió el estado de Punjab en la década de los 80. adentra en la historia reciente de India, un país-estado de naciones que sufrió su primera Esta familia vive aislada en el campo, y con ello su realizador quiere mostrarnos la angustia de un pueblo, nos quiere hacer partícipe de ella.  Una cinta basada en el miedo, en el contagio de un miedo desmoralizante y atroz ante cualquier conflicto, incluso ético. De hecho el dilema moral surge y se instala en nuestras retinas preguntándonos si el sacrificio valdrá la pena, si pujará por el cambio y la salvación.

 

 

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