El aviso (Daniel Calparsoro, España, 2017)

Daniel Calparsoro (Guerreros, Invasor, Cien años de perdón) se vuelve a estrellar en pantalla grande con la adaptación homónima del debut literario del madrileño Paul Pen, que escribió en 2011.

El guión está escrito a seis manos: Las de Chris Sparling (autor del libreto de Buried-Enterrado), Jorge Guerricaecheverría (el coguionista oficial de Álex de la Iglesia) y Patxi Amezcua (que escribiera el guión de Séptimo). Protagonizada por Raúl Arévalo, Aura Garrido, Belén Cuesta o Antonio Dechent  y con la presentación en un papel casi protagonista del niño Hugo Arbués.

Un thriller debería ser caracterizado por albergar en su interior una serie de enigmas comprensibles, detectables pero escondidos y sorprendentes en algunos puntos de guión. En el caso de El aviso, la historia entrecruza varias líneas paralelas separadas en el tiempo pero en un mismo espacio: Un asesinato repetido cada x tiempo en una gasolinera 24 horas. El aviso recibido por un niño de diez años, en forma de nota manuscrita es el punto álgido del guión y el que da sentido al mismo; pero sus oportunidades se desvanecen desde el momento en el que se empieza a urdir y desentrañar los planes para evitarlo. Y parece que surgen las matemáticas, los números, las ecuaciones y sus resoluciones como elementos de base del relato, cuando no tienen ningún sentido lógico ni mayor relevancia en el mismo.

El caso tiene una resolución matemática porque así se construyó la novela y así tenía que ser adaptada; y ni seis manos (se supone que ya experimentadas) han podido evitar tamaño ridículo, sinsentido y arbitrariedad de las conclusiones. El thriller pierde fuelle, básicamente porque sólo es un thriller en la escena del aviso; en el resto no genera ningún suspense por su propia inoperancia, por su desgana, por su risible previsibilidad y porque un guión que se supone emocional, con temas arduos como el bullyng, el maltrato, la culpa o las enfermedades mentales, no consigue casi en ninguno de sus temas, brillar, o al menos resultar creible y presentar a unos personajes fuertes con un arco de transformación notable. Aquí cada personaje actúa como le dicta el guión pero no conseguimos empatizar con ellos, porque sus decisiones también parecen improvisadas, arbitrarias y, en ocasiones, infantiles.

Buena banda sonora la de Julio de la Rosa, que no se carga el contenido y sabe acompañar a las imágenes con una esquemática dirección de Calparsoro, muchas veces con tono afectado y rebuscado; exacerbando la intensidad de las interpretaciones, que muchas veces son rescatadas del rídiculo por sus grandes actores y actrices: en especial los casos de Raúl Arévalo y, sobre todo, de Antonio Dechent. El primero está creíble y ya es decir mucho de un personaje a todas luces exagerado y artificial. Después de Oro, interpreta a un joven enfermo mental obsesionado con las matemáticas y las ecuaciones que después de presenciar el ataque a su mejor amigo en una gasolinera, intenta salvar la vida de un niño de diez años, que podría perder el día de su cumpleaños en el mismo lugar, siguiendo las fórmulas matemáticas que él mismo va descifrando.

Esto no es Una mente maravillosa, ni La habitación de Fermat, no es Los crímenes de Óxford ni Primer o quizás es todas ellas juntas, adecentadas con la experiencia del catalán Calparsoro. Esto es sólo un aviso. Allá ustedes.

Sinopsis: Nico, un niño de diez años, recibe una carta con una amenaza de muerte, pero nadie en su entorno parece creerle. Jon (Raúl Arévalo), un joven obsesionado con los números, investiga una serie de muertes ocurridas a lo largo de los años en el mismo lugar y que parecen tener un patrón en común. Descifrar esta secuencia quizá sea lo único que podrá salvar a Nico.

Nota: 5

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