63º Festival de San Sebastián 2015: Día 4. Desde allá, desde El club

Cuarto día intenso en San Sebastián 2015, con variado y buen cine. Desde la recientemente galardona con el León de oro a mejor película, la venezolana Desde allá a lo nuevo del director Arnaud Desplechin. Desde una de las mejores películas internacionales del año: El club hasta una de las mejores películas españolas, aunque muy independiente (y vasca) de este 2015: Amama. Mucho cine hispano en este cuarto día. Argentina, Chile, Venezuela, España,

  • Eva no duerme.

Quizás por Denis Lavant o por una historia atípica pero bien introducida; mis recuerdos ante esta cinta extraña en la sección oficial, recalan en el Holy Motors de Leos Carax, al menos en su propuesta radical no en la narrativa.

Eva no duerme del argentino Pablo Agüero es una aventura estética que durante hora y media y de manera episódica busca la estelización visual. Combina las imágenes de archivo con las escenas recreadas y lejos de la hagiografía se presenta como un estudio cinematográfico, un experimento fílmico alrededor de la muerte de una figura clave en la historia política y social de Argentina: Eva Perón.  El cuerpo de la expresidenta es el esqueleto de esta historia episódica que se dilata durante 22 años y que recorre un sinfín de posiciones ideológicas. La película es rica en recursos estilísticos si bien la estética parece cargarse el discurso ético o político, al menos parece pasarle por encima.

Ejercicio innovador y propuesta transgresora, construye sensaciones a través de la herramienta fílmica.

Relata la odisea del cadáver embalsamado de la política argentina Eva Perón por toda Europa en los años cincuenta desde su fallecimiento hasta su entierro en Argentina 25 años después. Año 1952, Eva Perón, la mujer más amada y odiada de la Argentina, muere a los 33 años de edad. Un anatomista experto la embalsama sin quitarle la más mínima partícula de piel, como si apenas durmiera. Pero las Fuerzas Armadas toman el poder, y se proponen borrar completamente a Evita de la memoria popular. Su cuerpo desaparece durante 25 años. Durante ese cuarto de siglo, Evita, aun muerta y desaparecida, es la figura política más poderosa del país.

  • El apóstata.

Federico Veiroj realizó La vida útil, la historia de un trabajador de Cineteca que en Blanco y negro y con música de cine clásico, se enfrenta a su vida y a sus propias emociones.  Con El apóstata, una coprodución uruguaya y francoespañola, que participa en sección oficial; su cine se hace con mayor visibilidad y códigos menos experimentales, pero es una película bastante vacía de forma y fondo.  Se apoya también en escenas oníricas en contraposición a las reales, atadas a la falta de comunicación.

Para olvidar el pasado, mirar al futuro y poder emanciparse, Tamayo, un hombre de unos treinta años, decide apostatar ante la institución eclesiástica. Durante el arduo proceso burocrático, recordará la intermitente relación que mantiene con una prima, algunos actos crueles de su niñez, su vínculo con una espiritualidad ajena y sus dificultades para seguir el camino paterno.

  • Desde allá.

Venía Desde allá de ganar el León de Oro en Venecia, contra todo pronóstico y con la ilusión de un niño primerizo Lorenzo Vigas, se llevaba el galardón a una Venezuela perjudicada por sus políticos, por sus ciudadanos y por el resto del universo que pone su gestión como foco intenso y escurridizo de cualquier otra fuga informativa. Lorenzo Vigas realiza con valentía, con nervio y con una mirada muy particular que quizás sea lo más característico de la cinta. Con una sola película seguiremos diciendo aquello de: Lo nuevo de Lorenzo Vigas. Y esto no es tan sencillo de conseguir.

En la convulsa Caracas, Armando (50), dueño de un laboratorio de prótesis dentales, busca a hombres jóvenes en paradas de autobús y les ofrece dinero para que lo acompañen a su casa con el fin de observarlos. Tiene también la costumbre de espiar a un hombre de edad avanzada: sabe dónde vive, qué lugares frecuenta; entre ellos hay un vínculo que se remonta al pasado. Un día Armando se lleva a casa a un chico, que es el líder de una banda de delincuentes juveniles. De este encuentro nacerá una relación que los cambiará para el resto de sus vidas.

  • El club.

El club es quizás la mejor de las películas que hoy hemos visto. Deja un poso amargo pero una necesidad de volver a verla que no recuerdo en estos meses. Pablo Larrain lo consigue. La historia nos lleva a una prisión casera. Una prisión atípica regentada por una mujer y conformada por siervos de Dios que se desviaron del camino. Un club de ovejas descarriadas, que en ocasiones recuerda al Lars Von Trier de Dogville. Una atmósfera opresiva y una fotografía, salvando las distancias, cercana a las luces y sombras generadas por Nestor Almendros, hacen de El club un título imprescindible, que cuando se estrene en pantallas españolas, será de lo mejor estrenado en el año.

Cuatro hombres conviven en una retirada casa de un pueblo costero, bajo la mirada de una cuidadora. Los cuatro hombres son curas y están ahí para purgar sus pecados. La rutina y tranquilidad del lugar se rompe cuando llega un atormentado quinto sacerdote y los huéspedes reviven el pasado que creían haber dejado atrás.

  • Amama. 

Amama, tras Loreak el año pasado, es la apuesta vasca presentada en Sección oficial y una sólida cinta sobre la familia y la ruptura con las costumbres. En la juventud debes buscar tu sitio pero la sociedad vasca no es la más idónea para entender esas “luchas” descarnadas contra la tradicción.

Una historia familiar. El conflicto entre lo urbano y lo rural, entre pasado y presente, padres e hijos. Dos formas opuestas de entender la existencia, y una abuela que observa el mundo desde el más elocuente de los silencios.

  • Trois souvenirs de ma jeunesse.

Si es Desplechin, si. Por qué no verla a las 0 de la noche, después de haberte tragado otras 5 películas. No hay problema, Desplechin lo merece. Oh, no: 2 horas no. Esta noche voy a dormir 5 horitas solamente y mañana tengo otra panzada de 6 películas y mi cuerpo no es el que era. Habrá que hacer el esfuerzo. Y creedme, ha merecido la pena. Desplechin habla de la adolescencia, de los amores desgarradores, de los pecados de juventud que muchas veces no se sabe si deben cometer o no. Habla de la improvisación, del no tener nada claro. De reir y de llorar, sobre todo de hacerlo al mismo tiempo. De los sentimientos a flor de piel porque eso es la adolescencia. Tres recuerdos de mi juventud que podrian ser otros muchos más.

Paul Dedalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix, las locas crisis de su madre, el vínculo que le unía a su hermano Ivan, niño piadoso y violento. Él recuerda sus 16 años, a su padre, viudo inconsolable, el viaje a la URSS donde una asignación clandestina le llevaría a ofrecer su propia identidad a un joven ruso. Recordará también sus 19 años, su hermana Delphine, su primo Bob, de sus escapadas con Pénélope, Mehdi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar. Sus estudios en París, el encuentro con el doctor Behanzin, su vocación inherente para la antropología. Y, sobre todo, Paul se acordará de Esther. El corazón de su vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *