19º Festival de cine alemán de Madrid: Experimentos

  • EL VEREDICTO

Entre medias de este festival y de esta nueva sede, nos encontramos con una experiencia activa curiosa y que ofrece un sinfín de posibilidades para el futuro del celuloide. Se proyectaba la película El veredicto, que cinematográficamente no nos daba nada nuevo pero se organizaba la proyección en torno a una experiencia que hacía partícipe al espectador.

Basada en la novela de Ferdinand von Schirach, que posteriormente fue adaptada al teatro, Terror – El veredicto está dirigida por Lars Kraume (El caso Fritz Bauer), conocida y reconocida en nuestro país e internacionalmente premiada.

Un tema de rabiosa y exasperante actualidad: el terrorismo y la lucha por su erradicación desde las fuerzas de seguridad de todos los estados europeos. El veredicto funciona más como experimento fílmico y filosófico que como obra cultural audiovisual. La cinta nos sitúa ante un dilema que se podría resumir en una pregunta: ¿serías capaz de matar a 164 personas para salvar (en teoría) la vida de más de 70000?

La cinta trata de nuevo un tema fundamental en la actualidad, en este caso el del terrorismo y cómo actuamos frente a él. Burghart Klaussner es el juez que rompe la cuarta pared y se dirige al público para que decida el destino del protagonista tras asistir durante más de una hora a todo un proceso judicial en el que escuchamos al acusado, a su abogado, a la fiscal, a los testigos, al juez, en definitiva, todas las partes. Es en ese momento cuando la proyección se para y se nos para también todo un razonamiento que hemos ido modificando mientras íbamos viendo la película. Teníamos un cartel verde de inocente que en su reverso era rojo de culpable. Con la asistencia del actor protagonista (el acusado) debíamos levantar nuestro cartel y en función de mayorías de carteles que quisieran la absolución del militar o la condena, se nos proyectaba un final u el otro.

El veredicto que mucha gente confundió con una cinta de Terror por tener ese título originalmente, no es un telefilm al uso, ni algo para pasar el rato, sino que nos pone en la tesitura de una judicatura que como nos recuerda el juez nos llevará a pedir la libertad o el internamiento de una persona y eso no es algo baladí.

Entre los intérpretes de la película, también otras figuras vistas en otras proyectadas este año en el 19º Festival de cine alemán como Lars Eidinger (Las flores de antaño), Martina Gedeck (El éxtasis) y Florian David Fitz (El día más hermoso). El público se decantó por la inocencia del reo (o su no culpabilidad). Fitz se paseó por el cine preguntando los motivos como si se tratara de un mitin y recordó que la votación había sido muy ajustada porque había “más culpables que en Alemania”. Así, de manera excepcional, decidieron proyectar los dos finales. Lo que bajo mi punto de vista lastró un poco el experimento al que asistíamos. Pero será un experimento recordado y seguro copiado en muchas nuevas citas de este y otros certámenes.

  • EL ÉXTASIS

Dirigida por  Sven Taddicken y basada en una novela de A.L. Kennedy, la película nos lleva a Alemania para contarnos la historia de un matrimonio sin hijos. Helene Brindel no muestra ninguna señal de armonía. La mujer, sombría, también ha perdido la fe en dios. “¿Dónde estás?”- Se pregunta…

Helene empieza a ser conciente de su situación, de su soledad, de la ruptura emocional y física que tiene junto a su pareja, leyendo las teorías del doctor Eduard Gluck y como una eterna adolescente perdida de sí misma, se lanza a la aventura de conocerle y teniéndole delante expurgar sus pecados y sus penas. Se encuentra con otro ser completamente perdido, ninguneado, marchito y cautivo de sus propias parafilias. Pero Gluck representa la esperanza para Helene y ambos en un juego que puede recordar al Ulrich Seidl de la Trilogía Paraíso o a Isabelle Huppert en La pianista de Haneke comienzan un juego adulto y trasnochado de almas solitarias unidas en su sufrimiento, donde el sexo siempre está presente pero sólo se manifiesta en pequeños gestos. Donde se ama y se siente de una manera romántica (Romanticismo del Siglo XIX), donde la nostalgia, el deseo, la emoción extrema y el dolor por la ausencia consume cada segundo de existencia.

Martina Gedeck y Ulrich Tukur, dos de los mejores intérpretes alemanes y con mayor proyección internacional dan vida a esta singular y dolorosa pareja que en el fondo nos habla de una perversa historia de amor donde las fobias, el dolor, el sadomasoquismo, el porno, las patologías psicosexuales y el sufrimiento, también tienen cabida. Bien por el Festival de Cine Alemán por arriesgarse con esta película diferente y complicada. Cada año nos encontramos con alguna joyita así.

  • EL CAMINO SOÑADO

Contaba mi amiga Sofia, en La película del día , mucho más ducha que yo en estos germano-temas, que El camino soñado sigue las normas iniciales de la Escuela de Cine de Berlín pero llevándolas hasta el extremo. Tan extremo que más que contaros lo que nos ha parecido la película vamos a terminar por recomendaros que no la veais. Básicamente porque es inaccesible, es de estas películas ombligo que sólo entienden sus creadores y que son exhibidas por todo el mundo en festivales donde algunos críticos creen ver que es “de lo mejor que han visto en mucho tiempo”. Y realmente te preguntas si habéis visto la misma película. Los personajes no tienen alma, son completamente estancos; el recorrido por la historia parece improvisado: desde los años 80, a la Alemania del este y del oeste. Si es que el argumento existe, que lo valoren sus admiradores. Yo desde luego soy mucho más feliz en mi casa sin hacer nada, que intentando entrar en una historia completamente vacía y experimental, no me gusta ver cine con manual de instrucciones. Entro a verlo para emocionarme y sentir, para que me plantée cosas y me haga cambiar. El cine educa y también modifica. Si algo me ha enseñado El camino soñado es que preferiría no haberlo transitado. Estuvo también en el Festival de cine de Sevilla.

 

  • LAS MANOS DE MI MADRE

Florian Eichinger es el director de esta magnífica película que nos pone en la tesitura de una familia lastrada por los abusos sexuales que la progenitora ejerció sobre ellos cuando eran niños. Ahora son adultos con hijos y el recuerdo, de repente, llega y es tan latente y vivo que su vida cambia por completo. Necesitan ayuda terapeútica, se enfrentan a los miedos, a la pareja, a la educación de sus hijos, de una manera mucho más infantil y salvaje.

En un punto intermedio entre Celebración de Vinterberg y el cine familiar y angustioso de Joaquin  Lafosse, los abusos son explícitos y se hacen a un adulto. Porque el juego más interesante que tiene la película es exponer al sufrimiento infantil al actor adulto, verle en su día a día, haciendo los deberes, en el colegio, en la cama e incluso abusado por su madre, pero con la apariencia de un ser adulto, no de un niño.

El director dice que le resultó complicado encontrar a un actor masculino que encarnara al niño abusado, con la actriz no fue difícil porque una vez que leyó el guión apostó por la película de lleno. Fue un rodaje intenso, unas secuencias polémicas y dolorosas. Fue como una terapia para todos ellos. Y para que asistieran al proceso del protagonista, el director decidió grabar las escenas más explícitas y más intensas, para que en el arco de transformación de los personajes y en el proceso de creación de los caracteres, tuvieran ese sufrimiento presente en cada secuencia, como ocurriría en la vida real.

El resultado es veracidad pura y dura, y por tanto, ausencia de belleza. Un dolor exacerbado y cautivo y presente en cada pequeña decisión, que impide seguir viviendo normalmente y que incapacita a sus víctimas para poder olvidar y continuar. Seguiremos de cerca a este director, ya que en sus propias palabras quiere explorar estos temas de violencia doméstica en toda su filmografía. Ya lo ha hecho en sus dos películas anteriores: Bergfest (2008) y Nordstrand (2013)

  • 5 MUJERES

Desde estas líneas no sabría expresar por qué un argumento tan manido y sencillo como el reencuentro de amigos en un entorno rural, años o lustros después de los años más felices de su amistad, me atrae tanto, pero lo cierto es que lo hace con una fuerza inusitada. Dentro del cine español dos ejemplos de muy diferente resultado, se han acercado anteriormente al tema: Remake de Roger Gual (no oculto que se encuentre entre mis películas españolas favoritas de todos los tiempos) o Fin de Jorge Torregrosa, cuya novela homónima es una pequeña maravilla y su traslado a la pantalla grande un pequeño gran fracaso. 5 mujeres nos traslada a una casa rural a través de la historia de 5 mujeres que deben ser amigas porque lo decía en el guión, que quedan para pasar unos días sin hombres (aunque no) y que quieren experimentar con los hongos alucinógenos. Muy bien no sale la cosa, porque tienen un cadáver de por medio. El experimento Hichcockniano es fallido y parece una película de Serie B, la intriga se transforma en risa, las relaciones son completamente inverosímiles y parece que estamos consumiendo esos mismos hongos alucinógenos porque la propuesta formal no cuaja con una historia que pretendía ser un Chabrol un poco más cómico. Olaf Kraemer ha debutado, pero lo ha hecho mal.

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