16º Festival de cine alemán: Entre niños sobreviviendo, caníbales de multinacionales y mujeres que roban

No siempre una buena ambientación nos regala una buena película, pero si la juntamos con las dosis justas de una buena interpretación y, sobre todo, de un guión que sepa mantener la intensidad y las formas de un género tan transitado y lucido como es el thriller; conseguiremos una cinta amena y lúdica. Pensemos que el thriller necesita movimiento, intensidad y contínua sorpresa.

Banklady3Si a estos ingredientes se le suma una historia con gancho, lo más probable será que mínimamente nos entretengamos. Banklady es una hagiografía más por la fascinación del propio personaje femenino protagonista; que por su inexistente maniqueismo a la hora de contarnos la historia de la primera atracadora de bancos alemana. Banklady se presenta como una femme fatale descompuesta por una vida de rutina, miseria y completamente grisácea; hasta que descubre la fascinación de empuñar un arma y apuntar a los trabajadores que guardan el dinero. Se convierte en modelo en cada golpe y se enrosca cada vez más en una relación adúltera con su compañero de juegos casado y con un hijo. El dinero llama al dinero y las huidas son cada vez más peligrosas, porque un ávido y joven investigador al que sus superiores quieren parar los pies; les sigue los pasos muy de cerca.

¿El problema de Banklady? Suena a mil veces visto. Lo único que lo cambia es el magnetismo de su protagonista. Es decir, que estamos ante una película, que si bien es entretenida, olvidaremos con cualquier otro título.

CannibalLlegó la gran sorpresa del festival; en principio muy poco atrayente. Juzguen ustedes mismos: “Dos exitosos asesores han viajado por varios de los países más convulsos del planeta con una sola idea en mente: satisfacer la codicia de sus clientes y civilizar la expansión del capitalismo. Frank Öllers y Kai Niederländer, son a su modo como Quijote y Sancho, espíritus y presencias, estereotipos y símbolos de su tiempo. La cinta se llama Tiempo de caníbales y está dirigida por Johannes Naber. De género dicen que es un drama, pero en palabras de su director sería un “drama grotesco”. Yo me inclinaría más por hablar de una película de suspense dramático porque la tensión, la claustrofobia, el desasosiego, son las señas de identidad de esta película. Será difícil de olvidar esta cinta, nunca antes se había conseguido realizar una crítica al capitalismo más exacerbado desde el tono de Valle Inclán. Es tétrica e inquietante, más cuando pensamos que nuestro mundo está dirigido así. Si tienen la oportunidad no se pierdan esta película por una atmósfera increible entre cuatro paredes de un hotel donde no se puede casi ni respirar; con un guión en estado de gracia  y unos diálogos afilados y sarcásticos y con unos intérpretes fuera de serie. Lo mejor: que una experiencia así, fuera del todo inesperada. Lo peor: Que no dure más. Atención a una música sorprendente que recuerda a la utilizada en The social Network y que ganó el oscar. De hecho, guarda más de un paralelismo con esta cinta.

Next Generation Short Tiger es una selección de cortometrajes realizados en escuelas de cine alemanas que se encargan de difundir y distribuir por todo el mundo en un paquete similar al que la Ecam realiza con Madrid en Corto. Si algo sorprende no es la madurez con la que los jóvenes cineastas presentan sus trabajos, sino los medios con los que cuentan parar contar sus historias. Lejanos a lo que en este país, por ahora se puede hacer en una Universidad donde se “enseñe” cine si no es de titularidad privada. El corto universitario español de universidad pública suele tener un nivel muy amateur, no por desconocimiento, no por formas ni estructuras; sino por falta de medios. Grandes cortos se encuentran dentro de este paquete de Short Tiger que ha pasado incluso por Cannes, entre ellos Entrevista de trabajo, que vino a presentar su joven directora.

Wolkskinder1Si Tiempo de Caníbales anunciaba lo que sería un día 10, el plato fuerte llegaba por la noche, una cinta sólida, dura, seca y afortunadamente ajena a cualquier sentimentalismo barato: Wolfskinder. La escena definitoria de esta película, aquella que presenta y define a unos personajes que más tarde deambularán por la pantalla sin patria ni gloria, es una de las más duras y bellas que hemos visto en mucho tiempo. Dos hermanos, de no más de 10 años, transitan los verdes bosques lituanos, desamparados, sucios, llenos de llagas y temerosos de una muerte cada vez más cercana. Es el final de la Segunda Guerra Mundial y lo único que piden es sobrevivir. Vale el todo y el nada. Son capaces de comer carne cruda de un animal que ellos mismos han tenido que matar o de ahuyentar a los ejércitos acallando los gritos de otro niño; mientras le van dejando sin respiración.

Estéticamente Wolfskinder es una maravilla de principio a fin. Su ambientación, sus ropajes, su fotografía, incluso su música contribuyen a que esta cinta se encuentre desde este momento, entre lo mejor visto en 2014. Recuerda por momentos a otra de las mejores cintas estrenadas este año: El gran cuaderno. Es increible cómo se puede realizar una película tan tensa, agobiante e inolvidable exclusivamente protagonizada por niños y en su mayor parte en exteriores. El acierto del casting viene sobre todo por las miradas, inexplicablemente cada crío es capaz de contarnos toda su historia de miseria, todas las locuras y desventuras que se ha ido encontrando en su camino, con tan sólo una mirada. Inolvidable. Gracias. El nudo en el estómago creo que será difícil que ya podamos quitárnoslo nunca. Es espeluznante pensar en los desastres del hombre, pero cuando hay niños de por medio la barbarie es la mayor de las abominaciones. Son lo que nos hace continuar, lo son todo, les debemos protección, subsidio, un techo y comida. Da igual que no sean de nuestra familia. Ningún niño debería sufrir nunca hambre si nosotros podemos comer. Ni mucho menos luchar para que no les maten. No quiero hacer campaña de nada, simplemente expresar todo lo que siento cuando algo me toca la fibra, sin manipularme.

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